SAN SEBASTIÁN. DV. Caroline Bernath tenía miedo. Días antes de ser asesinada en su apartamento de Passau (Baviera), le confesó a una de sus amigas de la universidad que ya no aguantaba más a sus nuevos inquilinos. Jan Hertrampf y Andreas Stranninger eran dos chicos descuidados, con mal aspecto, bebían y se drogaban. «Les quería echar de casa, pero uno de ellos le amenazó. Tenía miedo», relató esta amiga tras ser encontrado el cadáver de la joven, cosido a cuchilladas en la bañera de su piso.
Caroline, 21 años, morena y de rostro dulce, estudiaba comunicación en la Universidad de Passau. La joven conoció a sus dos presuntos agresores durante las pasadas vacaciones de Navidad en una discoteca de Hannover, de donde ella era natural. Pasaron la noche juntos y ellos se instalaron días después en su apartamento de estudiante en Passau. Pero la joven empezó pronto a sentir la incómoda presencia de sus amigos. Según ha recogido la prensa alemana, en más de una ocasión Caroline llamó a sus amigas para confesarles su situación. «Le dije que llamara a la Policía, pero no lo hizo», lamentó tras el crimen una compañera.
El viernes 9 de febrero Caroline acudió a una fiesta de cumpleaños junto a los dos presuntos asesinos. Ya no se le volvió a ver con vida. Alertados por su ausencia a las clases, varios de sus compañeros de universidad llamaron a la Policía. Cinco días más tarde, en la bañera de su apartamento, la joven fue encontrada muerta con 27 puñaladas, producidas al parecer con un cuchillo de cocina de treinta centímetros. El brutal crimen sobrecogió pronto a la ciudad y al resto del país. Mientras, los dos principales sospechosos emprendieron una huida que acabó el lunes en San Sebastián, con la detención de Jan Hertrampf, de 19 años, cuyo cómplice, Andreas, de 30 años, se había entregado días antes en el consulado alemán en Bilbao. «Ya no puedo aguantar más la presión», dijo el sujeto.
Ropa ensangrentada
Los dos fugitivos han tenido en vilo a la Policía germana que les ha seguido el rastro por varias ciudades europeas. El 15 de febrero, al día siguiente de ser encontrado el cuerpo sin vida de Caroline, un testigo les reconoció en la estación de tren de Bouzonville, una localidad francesa lindante con Alemania. Los encargados del caso les pierden la pista en Thionville, a pocos kilómetros, y no tienen claro si prosiguieron viaje hasta París. Tampoco confirman si el crimen fue cometido durante un ritual satánico. El 27 de febrero encuentran una bolsa de deporte en una taquilla de la estación de Passau con ropa ensangrentada, al parecer de Jan, y objetos robados de Caroline: un ordenador portátil, una cámara de fotos y un monedero de la víctima. De la capital francesa vuelan hasta Mallorca, de donde escapan tras la emisión de un reportaje en la cadena ZDF donde muestran los rostros de los dos sospechosos. La Policía recibió 23 llamadas de ciudadanos pero la búsqueda resultó infructuosa, hasta que Andreas se entrega en Bilbao y Jan es reconocido por un perspicaz donostiarra que paseaba por los jardines de Alderdi Eder el pasado lunes.
Según confirmaron fuentes de la investigación, Jan fue puesto ayer a disposición de la Audiencia Nacional, que tramitará su extradición a Alemania. Andreas, con un largo historial delictivo por posesión de drogas y agresiones, permanece en una cárcel de Madrid a la espera también de ser entregado a la justicia alemana. Quienes conocían a Jan dicen que es un chico «extraño». «Cuando bebe es agresivo e incontrolable».