MADRID. Mustafá Ahmidán, hermano de El Chino, el jefe operativo del comando terrorista del 11-M, aseguró ayer ante el tribunal que Jamal le confesó 13 días después de los atentados que él y sus amigos eran los autores de la masacre de los trenes de cercanías. Es el primer testimonio directo oído en las 22 sesiones del juicio que ratifica la implicación en la matanza de los siete islamistas que se suicidaron el 3 de abril de 2004 en el piso de Leganés, cuando estaban acorralados por la Policía.
El hermano mayor de Jamal Ahmidán no había querido revelar la confesión de El Chino hasta ayer y se lo había ocultado incluso al juez instructor, Juan del Olmo, porque «tenía miedo de que me involucrasen en los atentados y por presiones de mi familia». Mustafá, encarcelado por otra causa juidicial, explicó que el 24 de marzo de 2004 su hermano Jamal y Rachid Oulad -otro de los suicidas de Leganés- entraron en el bar que tenía en el barrio madrileño de Villaverde. Estaban muy nerviosos. Minutos después comprobó que venían a despedirse. Como ya había recibido una visita de la Policía para interrogarle por su hermano, preguntó a Jamal si tenía algo que ver con los atentados del 11-M. «Sí, estoy en ello. Son gente de tu barrio quienes han hecho esto», contestó.
«Yo no me lo creía. Después me di cuenta de que el barrio al que se refería era al de Tetuán, nuestra ciudad natal. Hablaba de él, de los hermanos Oulad y de Abdenabi Kounjaa (cuatro de los siete suicidas)», indicó. Antes de marcharse, Rachid Oulad, en nombre de los dos, pidió a Mustafá: «Quiero que pidas a Dios para que no nos cojan vivos».
Era la segunda vez que veía a su hermano tras el atentado del 11-M, y fue la última antes de que el 3 de abril se inmolase en el piso de Leganés. El primer encuentro se produjo también en el bar, pocos días después de los atentados. No podía imaginar lo que había hecho Jamal, sin embargo, cuando comentaron las noticias sobre la masacre, El Chino apuntó que lo ocurrido era «totalmente justo». «¿Cómo que justo?, si ha habido muchos muertos y víctimas», recriminó Mustafá. «No ves a tus hermanos que están muriendo también en Irak», replicó Jamal.
Ahmidán se retracta
Por su parte, Youssef Ahmidán, el hermano menor de El Chino, decidió cambiar el testimonio que realizó ante el juez instructor. Youssef había dicho a Del Olmo que estaba presente cuando Jamal había alabado en el bar de Mustafá los atentados del 11-M y que la masacre era poco en comparación con el número de muertes que ocurrían a diario en Irak. Ante el tribunal dijo que no recordaba nada de eso y aseguró que no se enteró de la presunta participación de Jamal en la matanza hasta que el 1 de abril vio su fotografía en televisión.
Los dos hermanos coincidieron, en cambio, en que El Chino cuando regresó a España desde Marruecos, en el verano de 2003, vino «radicalizado y muy religioso». «Había dejado de beber alcohol, de fumar y rezaba mucho. Además, quería que todos hiciésemos lo mismo y que regresáramos a vivir a Marruecos», explicaron.
Mustafá identificó la voz de su hermano como el terrorista encapuchado que lee un comunicado de reivindicación del 11-M y da un ultimátum al Gobierno de José María Aznar en el vídeo encontrado entre los escombros de Leganés. Las imágenes, proyectadas por primera vez en el juicio, muestran a tres encapuchados con cinturones bomba, uno de ellos armado con un fusil de asalto. El hombre del centro sería Jamal y los de los lados, según la Policía, los hermanos Oulad.
Avisados por la Policía
Youssef Ahmidán tampoco quiso confirmar en el juicio esta parte de su declaración judicial, en la que afirmó que la voz era la de su hermano, «con una seguridad del 80%». La falta de confirmación de Youssef no fue importante porque un testigo protegido, amigo de El Chino, aseguró también ayer que, «sin duda», el terrorista que lee el ultimátum en el vídeo es Jamal Ahmidán.
Mustafá y Youssef son dos de los familiares de los suicidas que en la tarde del 3 de abril de 2004 llamaron alarmados a la Policía para avisar de que los terroristas habían comenzado a despedirse por teléfono de sus allegados, a los que confesaban que iban a inmolarse con los explosivos que guardaban en el piso.
El Chino telefoneó sobre las siete de la tarde a su madre y a su hermana, residentes en Marruecos, a las que dijo que estaba rodeado de policías y que «pronto me voy a ir con Dios». Alarmadas, llamaron a los hermanos, que se pusieron en contacto con el 091. «Les informé y les dije que me dejasen ponerme en contacto con Jamal, para disuadirle», explicó Mustafá, quien contó que durante horas, hasta la explosión, esperó frente al piso de Leganés en un coche patrulla COLPISA