WASHINGTON. DV. El cuarto aniversario de la caída de Bagdad ha quedado eclipsado en Estados Unidos por la polémica mucho más urgente sobre la efectividad de la actual ofensiva de seguridad en la capital de Irak. Tras dos meses de una multiplicada presencia militar del Pentágono y efectivos iraquíes, los primeros análisis apuntan a una reducción de los asesinatos perpetrados por escuadrones de la muerte. Aunque se mantiene un gran número de víctimas civiles por devastadores atentados con explosivos.
Durante este esfuerzo militar contra la violencia sectaria Bagdad se ha convertido en un destino mucho más peligroso para las tropas de Estados Unidos. Según recordaba ayer 'The New York Times', el volumen de bajas mortales (un total de 53) entre los efectivos estadounidenses desplegados en la capital iraquí ha llegado a duplicarse durante las primeras siete semanas de la ofensiva ordenada por la Casa Blanca pero sin el respaldado del Congreso en Washington, cada vez más contrario a esta guerra. Una buena parte de los refuerzos despachados por la Administración Bush tras la dimisión del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld , se está concentrando en zonas particularmente violentas de Bagdad. Con un esfuerzo en constantes patrullas y ganarse la confianza de residentes.
Al mismo tiempo, las bajas mortales entre los soldados de Estados Unidos destinados fuera de la capital iraquí se han mantenido iguales, sobre todo por ataques con bombas detonadas en calles y carreteras.
Políticamente, el limitado margen de tranquilidad ganado durante este período no se habría visto correspondido con un esfuerzo de armonía entre las enfrentadas facciones suníes, chiíes y kurdas. Sin que se hayan registrado avances en cuestiones tan decisivas como reparto de poderes y autonomías regionales. Aún así, figuras como el senador John McCain -aspirante republicano a la Casa Blanca- se empeñan en resaltar los avances obtenidos hasta el momento pese al escepticismo de la opinión pública estadounidense.
Cooperación
En un artículo publicado ayer en el 'The Washington Post', McCain insiste en que durante su quinta visita a Irak desde el comienzo de la guerra pudo ir en coche desde el aeropuerto hasta el centro de Bagdad, reunirse con líderes tribales en la provincia de Ambar, visitar un mercado en Bagdad y comprobar una mayor cooperación entre fuerzas de seguridad iraquíes y los efectivos del Pentágono. Insistiendo en que no es el momento para juegos partidistas en Washington.
A juicio de los responsables militares del Pentágono en Irak todavía habrá que esperar varios meses hasta el verano para llegar a conclusiones claras sobre la actual campaña que oficialmente empezó el pasado 14 de febrero.
Cuando se complete el despliegue de las cinco brigadas de combates prometidas por la Casa Blanca como refuerzo, el número total de tropas en Irak llegará a los 173.000 efectivos. El nivel más alto desde el comienzo de la invasión en marzo del 2003.
Como resultado de todas estas operaciones en curso, el Pentágono se estaría enfrentando ahora al problema adicional de numerosos detenidos. Ante la muy limitada capacidad judicial y carcelaria del gobierno de Irak, las tropas de Estados Unidos se han visto obligadas a improvisar campos de detención y desplegar adicionales unidades de policía militar para su custodia.