Martes, 10 de abril de 2007
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La campaña oficial al Elíseo arranca con dieciocho millones de indecisos
El 8% de los franceses duda entre el derechista Sarkozy, la socialista Royal y el centrista Bayrou, el trío favorito
La campaña oficial al Elíseo arranca con dieciocho millones de indecisos
Una joven contempla la gran cantidad de carteles electorales que ocupan la mayoría de las paredes de las calles francesas estos días. [AFP]
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PARÍS. DV. La campaña oficial de las presidenciales francesas, que se celebrarán el 22 de abril y 6 de mayo, arrancó ayer con unos 18 millones de indecisos, el 42% de los 44,5 millones de electores inscritos en el censo. El conservador Nicolas Sarkozy (de 52 años), la socialista Ségolène Royal (53 años) y el centrista François Bayrou (56), encarnación del relevo generacional, ocupan por ese orden el podio de las intenciones de voto por delante del ultraderechista Jean-Marie Le Pen (78 años).

La incertidumbre para designar a los candidatos clasificados para la segunda vuelta amenaza con perdurar hasta la misma cita con las urnas. Los especialistas en comportamientos electorales constatan que la gente cada vez duda más y no se decide hasta el último momento, un fenómeno que ya se conoce como el voto de cabina.

«Hemos entrado en la era del elector consumidor que zapea y compara las personalidades y las promesas como haría con productos de supermercado antes de determinarse definitivamente», expone Roland Cayrol, director general del instituto CSA. En las anteriores presidenciales de 2002, «el 17% de los franceses nos dijeron que habían hecho su opción definitiva el mismo día de la votación», indica.

La novedad de esta campaña, con caras distintas en los primeros puestos de la parrilla de salida, es que un 8% de los votantes titubea entre tres candidatos (Sarkozy, Royal y Bayrou) cuando lo habitual es hacerlo entre un par de aspirantes. El campeón de los indecisos es Bayrou del que se sospecha que recibe mucho voto prestado de decepcionados por las propuestas de Sarkozy y Royal. «Puede terminar entre 12% y 29%», apunta Cayrol sin arriesgar.

La ausencia de un tema dominante, a diferencia de hace cinco años cuando la inseguridad focalizó todo el interés, es una explicación a la indefinición del cuerpo electoral. De un día a otro se pasa del cambio climático, al patrimonio de los candidatos, pasando por los problemas de Airbus, la identidad nacional o la violencia callejera, sin que el debate público termine de centrarse sobre una problemática concreta. «La rotación de temas explica que muchos electores todavía no se hayan decidido por un candidato», opina el politólogo Jacques Gerstié.

En este clima de desconcierto el elector no puede contar con la ayuda del debate entre aspirantes para salir de dudas por culpa de una ley igualitarista que lo impide en la práctica. Desde las 0.00 horas de ayer rige la estricta igualdad entre los doce competidores, lo que supone que cada uno debe disfrutar del mismo tiempo de palabra y de información en radios y televisiones. Por tanto, basta con que uno se niegue a participar, como ha hecho Sarkozy, para que el debate sea irrealizable.

La igualdad por decreto entre los favoritos y el representante de los cazadores o un trotskista desconocido impera también en los medios públicos, obligadas a emitir vídeos electorales que no ve nadie. Con los carteles ocurre otro tanto. Los pega la misma empresa en paneles, ordenados por sorteo, ante los 85.000 colegios electorales. La prensa escrita e Internet son las últimas reservas de libertad.

 
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