Martes, 10 de abril de 2007
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«Ha sido una cadena de desastres»
250 vascos viven una auténtica odisea en su viaje a los campamentos de refugiados de Tinduf por las horas de retraso acumuladas en los vuelos
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BILBAO. DV. Dice el refranero que lo que mal empieza, mal acaba, y en el caso de los 250 vascos que decidieron pasar las vacaciones de Semana Santa en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf no ha podido ser más acertado. Entre retrasos y cancelaciones, los viajeros se pasaron «la mitad del viaje» metidos en un aeropuerto. «Ha sido terriblemente desastroso», resumía Mariano Peral a su llegada al aeródromo bilbaíno, ayer por la tarde. «Las familias que íbamos a visitar se han portado de cine con todo el mundo, pero la organización no ha estado a la altura de las circunstancias», lamentaba uno de los numerosos grupos desplazados al suroeste argelino dentro del programa 'Vacaciones en paz'.

El «problema con los vuelos» comenzó en el viaje de ida. La salida estaba programado para las seis de la tarde del miércoles y finalmente despegaron a las once de la noche. «Nos tuvieron más de tres horas dentro del avión sin darnos explicaciones. Entre el retraso de la salida y la parada técnica que se hace en Orán, llegamos al campamento doce horas después de lo programado», explicaba Ane Miren, una joven guipuzcoana que había acudido a Tinduf para interesarse por los niños discapacitados. Pero no acabó ahí la cosa. «También se han perdido cuarenta cajas con ayuda humanitaria, regalos y comida para las familias.... Es la quinta vez que hago este viaje y ha sido el más desastroso con diferencia», aseguraba Vicen, «rendida» tras doce horas de espera y cinco de vuelo.

La vuelta fue «la gota que colmó el vaso». «Nos citaron en el campamento a las doce de la noche del domingo para ir al aeropuerto. No teníamos una hora exacta de salida, pero se suponía que íbamos a despegar sobre las tres de la madrugada». Nada de nada. «Primero nos dijeron que no salíamos porque no encontraban pilotos, y después nos dejaron allí tirados sin darnos más explicaciones», recuerda Agustín Rojo.

Los viajeros tuvieron que dormir sobre sus maletas e ingeniárselas como pudieron para poder comer algo. Al tratarse de un aeropuerto militar, los servicios son prácticamente inexistentes. «Creo que repartieron agua y galletas. Digo creo porque a nuestro grupo no llegó nada», comenta Mikel, uno de los numerosos jóvenes vascos que ha viajado a los campamentos de refugiados en sus vacaciones de Semana Santa.

El vuelo de regreso salió de Tinduf a las doce del mediodía de ayer. Cinco horas después, el avión aterrizaba en el aeropuerto de Loiu.

-¿Qué ha pasado?

-«Terminamos antes si te contamos lo que no ha pasado», bromeaban los viajeros.

Más que la «incomodidad» de los retrasos, sobre los que estaban «más o menos advertidos», lo que más ha dolido a los miembros de la expedición vasca es que «los problemas con los aviones» les «hipotecaran» dos días de estancia en los campamentos. «Venimos para cinco días y al final nos pasamos dos de ellos metidos dentro de un aeropuerto», se quejaban.

 
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