Hace unos años, Ainhoa Murillo apenas podía llegar a fin de mes. Las ayudas que conceden desde el área social no eran suficientes para mantener a su familia. Ahora tiene 26 años, es empresaria y acaba de dar a luz hace muy poco a su otra niña, Onintze. Le han dado la oportunidad de valerse por sí misma. «Algo que dudaba».
-¿Qué ha supuesto para su vida trabajar en Berohi?
-Todo. Tener este trabajo y un horario me ha aportado estabilidad, algo que antes no tenía.
-¿Cómo conoció este proyecto?
-Primero realicé un cursillo en Lamberri de recuperación de residuos. Luego hice prácticas en tiendas de segunda mano. Y ya por fin me dieron un puesto de trabajo en Berohi.
-Llegar a esta situación, ¿no resultó fácil?
-No. De hecho, nunca había trabajado con contrato. No sabía lo que era una nómina.
-¿Por qué le resultaba complicado encontrar un empleo?
-Por falta de formación. El cursillo que hice me facilitó las cosas. Estaba independizada y tenía una niña pequeña. Eso también lo complicaba. Este trabajo me ha dado seguridad y gracias a este proyecto he podido agrandar la familia.
-¿Necesitaba valerse por sí misma?
-De lo que más orgullosa estoy es de dejar de cobrar ayudas. Todos los ingresos son míos y ya no tengo que contar mi vida a las asistentes.
-¿Es importante que la gente se conciencie?
-El reciclaje es el futuro. Está bien reutilizar en vez de tirar, porque siempre habrá gente a la que le viene bien comprar en este tipo de tiendas. A todos. Además, aquí entra mucha calidad en marcas.
-Y se lleva a cabo una importante labor ambiental y social.
-Eso es. Es una oportunidad para gente que, de otra forma, no tendría posibilidad de encontrar trabajo.
-¿Ha cumplido sus objetivos?
-Me siento muy realizada. Siempre he querido darle una hermanita a mi hija. Pero nunca llegaba el momento, porque mi situación no era la adecuada. Y ahora puedo tener hasta una baja maternal.