Existe una tendencia generalizada a considerar al cerebro como un gran ordenador y que, por lo tanto, su funcionamiento puede ser remedado utilizando técnicas informáticas. Ésta ha sido la base de la inteligencia artificial y de las redes neurales. También ha propiciado que se especule mucho sobre la posibilidad de diseñar robots y humanoides como R2-D2 o C3PO en La guerra de las galaxias. No se preocupen: nuestro cerebro es algo mucho más complejo.
Jeff Hawkins es un personaje especialmente interesante. Desde muy joven manifestó un enorme interés por comprender el funcionamiento de la parte de nuestro cerebro que se encarga de las funciones cognitivas que son aquellas que nos hacen humanos, como la memoria, el aprendizaje, la inteligencia o el lenguaje. Esta parte es la corteza cerebral. Por diversas circunstancias (a todas luces, afortunadas) no estudió neurociencias sino que se hizo un experto en programación informática y entró a trabajar en IBM. Diseñó la primera Palm, esas agendas informáticas tan ampliamente utilizadas hoy en día. Se ha convertido en multimillonario y ha decidido emplear su tiempo y sus recursos en lo que siempre ha querido: comprender cómo funciona la corteza cerebral y por qué somos seres inteligentes. Para ello ha creado el Instituto Redwood.
Hawkins reúne conocimientos que provienen de ambos lados y ha plasmado sus ideas en su libro Sobre la inteligencia. En su opinión, el fracaso de la inteligencia artificial obedece a que no se ha tenido en cuenta cómo funciona la corteza cerebral. Esta parte es la más moderna del cerebro, tiene un grosor de unos 2 milímetros, ocupa la superficie de una servilleta y contiene unos 30.000 millones de neuronas cada una de ellas capaz de conectar con 10.000 neuronas diferentes. Crear un ordenador con estas cifras podría estar al alcance de la mano. Lo realmente difícil es reproducir la compleja organización, llena de interconexiones y muy cambiante. De hecho, todavía no se conoce del todo. Hawkins cree que en realidad lo que nos hace inteligentes es nuestra capacidad de hacer predicciones en función de nuestra memoria. Y algo tan sencillo como esto no puede ser reproducido por ningún sistema informático.
En el futuro se fabricarán máquinas que funcionen como partes de nuestra corteza cerebral y eso podría ser de ayuda para personas con discapacidades visuales, auditivas, mentales o motoras. Sin embargo, el cerebro no es un ordenador y no podrá ser igualado por ningún ordenador ni por miles de ordenadores puestos a trabajar en paralelo. Por esta razón, nunca podrán sustituir al ser humano. ¿Uff qué alivio! O no?