Hace 75 años, el domingo de Resurrección de 1932, el PNV organizó por vez primera el Aberri Eguna, que, salvo contadas excepciones, se ha celebrado en esta festividad religiosa desde entonces hasta la actualidad. Si se pregunta a los nacionalistas cuál es el origen de esta fiesta y por qué coincide con la Pascua cristiana, la gran mayoría no sabría responder o lo haría equivocadamente relacionándola con la conmemoración de la Pascua sangrienta de Dublín (1916) por el nacionalismo irlandés, a pesar de que su sublevación contra Gran Bretaña empezó el lunes de Pascua y no el domingo de Resurrección. Aunque el nacionalismo vasco radical ha tenido en el irlandés un ejemplo a imitar, no fue ése el origen del Aberri Eguna en la II República. El PNV lo creó como fiesta del partido en 1932 para conmemorar las 'bodas de oro del nacionalismo vasco', al haber transcurrido 50 años de su descubrimiento por Sabino Arana.
Pero lo que su hermano Luis le descubrió en 1882 no fue el nacionalismo vasco sino el vizcaíno, al convencerle de que su patria no era España, como creía hasta entonces, sino Vizcaya. Una década más tarde dio el salto de Vizcaya a Euskadi como patria y de su inicial nacionalismo vizcaíno al vasco. Por tanto, éste no nació en 1882, sino en el Bilbao finisecular por obra de Sabino Arana (1865-1903). Al instaurarse la República en 1931, el nacionalismo vasco carecía de un Día de la Patria, a diferencia del catalanismo, que celebraba la Diada desde 1886, y del galleguismo, que organizaba el Día de la Patria Gallega desde 1919. El PNV no escogió para su fiesta nacional un acontecimiento histórico relevante, como en el caso catalán (la conquista de Barcelona por Felipe V el 11 de septiembre de 1714), ni una festividad religiosa significativa, como en el caso gallego (la de Santiago Apóstol, el 25 de julio). La peculiaridad del PNV como partido se confirma con la elección de una efeméride de su fundador para el Día de la Patria Vasca, como prueba de su mitificación sacralizada en lo que he denominado «el culto a Sabino Arana», que culminó con el primer Aberri Eguna el domingo de Resurrección de 1932. Llama la atención que el PNV elevase una conversación mantenida por los jóvenes Sabino y Luis Arana, ocurrida un día indeterminado de 1882, a la categoría de su fiesta principal y del Día de la Patria Vasca.
Quizás la escasa relevancia objetiva de tal suceso llevó a los dirigentes del PNV que organizaron el primer Aberri Eguna a realzarlo situándolo en una festividad religiosa de tanta trascendencia para los católicos como la Pascua de Resurrección. Así otorgaron a su fiesta política una impronta religiosa, acorde con el carácter confesional del PNV, y en 1932 crearon una tradición que enseguida arraigó en el nacionalismo vasco. En 1931 el PNV empezó a rehabilitar la casa natal de Sabino Arana para convertirla en el batzoki Sabin Etxea y en su sede principal. Allí estuvo el Secretariado General Vasco, el mejor organismo de propaganda del PNV, que preparó el primer Aberri Eguna. Su máximo responsable fue Manuel de Eguileor, diputado en las Cortes republicanas, y uno de sus miembros más activos fue Ceferino de Jemein, autor de la biografía oficial de Sabino Arana.
Ellos fueron los principales promotores de la nueva fiesta del PNV en 1932 y, a mi juicio, los que la situaron en el domingo de Resurrección. En enero de 1932, el Secretariado decidió intensificar la labor de propaganda de «apostolado sabiniano» durante ese año e instaurar una fiesta anual, a la que llamó el Día de la Patria, en la cual los nacionalistas vascos «guardarán fiesta nacional, y no laica, sino absolutamente confesional». Así pues, era una fiesta político-religiosa del PNV, en la que no tenía cabida la aconfesional Acción Nacionalista Vasca, nacida en 1930 como escisión por la izquierda del PNV. Así este partido suplía su carencia de un Día de la Patria y lo establecía como homenaje a su fundador. La ocasión propicia fue la conmemoración en 1932 del cincuentenario de su conversión al nacionalismo, acaecida una mañana de 1882, desconociéndose el día exacto por no haberlo revelado los hermanos Arana. Dicho Secretariado quiso que la nueva fiesta coincidiese con la inauguración de Sabin Etxea y pensó inicialmente en el 26 de enero, aniversario del nacimiento de Sabino Arana. Pero la escasez de tiempo y las obras de la casa de Albia le obligaron a retrasar la fiesta, decidiendo entonces el Secretariado celebrarla el domingo de Resurrección. Aunque estos factores coyunturales contribuyeron a situar el primer Aberri Eguna en tan señalada festividad cristiana, su elección no fue casual sino significativa, porque daba mayor trascendencia al hecho que conmemoraba y reafirmaba el culto a Sabino Arana con la creencia en la doble resurrección, la de Jesucristo y la de Euskadi por medio del nacionalismo aranista, como reconoció el diario oficial del PNV: «Se eligió la Pascua de Resurrección, porque fue la resurrección del alma vasca para Jaungoikua eta Lagi-Zarra (Dios y Ley Vieja), fue la resurrección de nuestra patria, el milagro que se operó en aquella mañana del año 1882» (Euzkadi, 31 de mayo de 1936). Por tanto, si en 1932 el PNV quería celebrar «las bodas de oro de la resurrección euzkadiana» con un magno homenaje a Sabino Arana, la fecha más indicada era el domingo de Resurrección.
De esta forma resaltaba el paralelismo que había establecido, desde su muerte en 1903, entre Jesucristo y Arana, que hacía extensivo a Jesucristo y Euskadi. Así queda patente en el álbum-revista del primer Aberri Eguna, publicado en 1932, del que procede este texto de carácter agónico: «El Día de la Patria... el Día de la Raza... el día del Triunfo de Jesucristo, el Día más grande para la Iglesia, será también el día más grande para Euzkadi. Porque Dios y la Patria quedarán fundidos en nuestro recuerdo, en el día más alegre de la Iglesia y de la Raza. En un solo día, dos sacrificios enlazados: Jesucristo, muriendo por los hombres para hacerlos felices, deja en la tierra trazado el camino: La Cruz. Sabino, mirando a Dios y a su Patria, baja sereno al sepulcro, para hacer felices a los vascos, y en nuestra tierra querida, también deja un camino: Jaun-Goikua eta Lagi-Zarra». Desde el primer Aberri Eguna el PNV relacionó la conversión política de Sabino Arana con la festividad religiosa de la Pascua y dio lugar a una tradición que el nacionalismo vasco ha continuado hasta hoy. La insistencia en vincular ambas cosas ha hecho creer a bastantes autores que Arana descubrió el nacionalismo el domingo de Resurrección de 1882, pero no fue así por más que se repita este error histórico.
El primer Aberri Eguna demostró la fortaleza del PNV en la República y su gran capacidad de convocatoria, pues fue la mayor concentración de masas de su historia hasta la Transición. El 27 de marzo de 1932, unos 65.000 nacionalistas desfilaron por la Gran Vía de Bilbao hasta llegar a Sabin Etxea, en donde Luis Arana descubrió una lápida de mármol con esta inscripción: «1882'garren urtiaen goiz bat zuala (Era una mañana del año de 1882)... bendito día en el que conocí a mi PATRIA y eterna gratitud a quien me sacó de las tinieblas extranjeristas...». Estas palabras de Sabino Arana se referían a su conversación con su hermano Luis y en ellas no aparecía el domingo de Resurrección de 1882. El acto lo presidió el propio Luis Arana, recién nombrado presidente del PNV. Esa multitudinaria manifestación fue el principal de los diversos actos festivos organizados por el PNV durante tres días: políticos, religiosos, culturales, folclóricos, deportivos y gastronómicos.
Esto se correspondía con su carácter de partido-comunidad: el PNV constituía el núcleo central de una extensa comunidad nacionalista, que alcanzó gran desarrollo en la República a través de organismos satélites que encuadraban a los niños, los jóvenes, las mujeres, los montañeros, etcétera. Todos ellos tuvieron protagonismo en el primer Aberri Eguna, cuyo éxito contribuyó a la continuidad anual de la nueva fiesta del PNV. El primero sirvió de modelo a los siguientes, celebrados en las capitales vascas durante la República con el mismo ritual: gran concentración de masas y numerosos actos en los que participaban los sectores sociales de la comunidad nacionalista, enarbolando multitud de ikurriñas.
El Aberri Eguna, nacido en 1932 como fiesta del PNV, ha evolucionado a lo largo de sus 75 años de vida hasta convertirse en la mayor fiesta política del nacionalismo vasco, perdiendo su impronta religiosa inicial, aunque ha perdurado la fecha de la Pascua de Resurrección. Se trata de una tradición reciente, que fue en buena medida creada por los aranistas y católicos Eguileor y Jemein. Para estos dirigentes del PNV, la instauración del Aberri Eguna el domingo de Resurrección de 1932 fue la culminación de su culto a Sabino Arana y de su creencia en la doble resurrección, la cristiana y la vasca, gracias al nacionalismo fundado por Arana en Bilbao a finales del siglo XIX.