Transcurrido un siglo desde la demolición de la casa-torre de Gazteluondo, la familia Sola volvió a establecerse en Mondragón. Leopoldo de Sola, indiano acaudalado, a su regreso de América edificó a mediados del siglo XIX el palacio que llevaría su apellido, donde hoy se levanta el Grupo San Juan.
No reparó en gastos: suelos de caoba, valiosos cuadros, mobiliario francés y, entre otras maravillas, un enorme fuego bajo realizado en madera labrada que alcanzaba los 3 metros de altura; remató la finca con un magnífico jardín posterior de 15.000 metros cuadrados. Esta propiedad fue heredada por su hija Julia y su marido Eugenio Gorosabel, que no tuvieron descendencia. A la muerte de Eugenio, ya viudo, en 1915, la finca pasó a manos de su sobrino Félix de Gorosabel.
Con la desaparición de Eugenio de Gorosabel el palacio de Sola deja de estar habitado de forma permanente. Sus nuevos propietarios, el abogado Félix Gorosabel y su esposa Inés de Bañeres, residentes en Barcelona, lo utilizan ya sólo como destino vacacional. Sus veraneos se repartían entre los dos meses que pasaban en el palacio que tenían en Mutriku y el mes que pasaban en el palacio de Mondragón.
La finca desapareció en 1948 para dejar paso a la construcción del Grupo San Juan.