Gonzalo cuenta este caso: «Llevo varias semanas acudiendo a la biblioteca a estudiar y aunque hay veces que la gente es poco respetuosa con el vecino cuando es un sitio donde se agradece tanto el silencio. Lo que me ha ocurrido hoy por la tarde me ha dejado atónito: durante tres cuartos de hora, a última hora de la tarde, una madre ha dejado que sus dos niños corrieran a su antojo por los pasillos que dan a las salas de estudio con sus risas y voces propios de niños de 4 ó 5 años, pero lo que me ha sorprendido aun más, ha sido cuando me he levantado a decirle algo a su madre, y me encuentro con que ¿¿la madre era amiga de una de las funcionarias que en ese momento controlaba una sala!! Charlaba distendidamente con ella mientras sostenía un tercer niño en brazos. Absolutamente desconcertado y sin decir nada, he vuelto a mi sitio, he recogido mis cosas y me he ido a casa a probar mejor suerte».