Hubo una época de Hollywood en la que se hicieron muchas películas de mujeres, para mujeres. Se suponía que ningún hombre cabal iría a ver esas cintas. Eran para uso y disfrute exclusivo de las damas. Au bonheur des dames que dirían (dicen aún) ciertos grandes comercios de Francia. Películas románticas, agridulces, atravesadas por el mal de amor, películas con mucho fru fru y más de una cama donde la heroína despechada pudiera echarse a llorar elegantosamente.
Pasaron los años, las modas y los modos y la idea misma del cine para mujeres volvió. Revisada, eso sí, y puesta al día. Películas en donde la clave es la complicidad femenina y el hombre sólo desempeña dos papeles: o bien es un pelele o mal, traidor, inconfeso e idiota. Tara Road se inscribe por (de)méritos propios en esa clasificación de cine para féminas. Producción irlandesa sostenida por una cadena de televisión muniquesa (visualmente es más tele que cine), cuenta una abracadante, sosa, remilgada, amanerada, afeminada historia sobre dos mujeres, una irlandesa y otra estadounidense, que intercambian sus casas después de haber sido zarandeadas de lo lindo por la vida. La irlandesa se lo ganó a pulso, ciertamente, y sabemos que nos tendría que dar mucha pena que la americana pierda a su hijo adolescente pero, francamente, como la MacDowell se pasa el metraje tal que si tuviera puesta la mascarilla antiarrugas de los cosméticos que anuncia por la tele, nos acaba importando más bien poquito
El filme es un conglomerado de tópicos y lugares comunes que, seguro, provocarán sonrojo tanto en Nueva Inglaterra como en Dublin y, desde luego, hacen que todo ser humano que pertenezca en serio al género femenino se deslice lentamente butaca abajo en un deseo de multiplicarse por cero y de no compartir ni un cromosoma con el puñado de hembras que pululan por la pantalla. El momento en que la MacDowell toca al clarinete una típica balada irlandesa ante la mirada embelesada de todos y el ojo tristón y acomodaticio de la cámara facilona es ya el acabóse. Y mira que nosotros siempre quisimos volver a Tara.