Domingo, 1 de abril de 2007
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FLORENTINO REZÁBAL DROGERO
«Ha sido una sorpresa para mí»
«Ha sido una sorpresa para mí»
Florentino Rezábal recibe la placa de manos de Tere Lopetegi.
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Florentino Peñagaricano Rezábal recibió un cálido homenaje a sus muchos años de trabajo al frente de la droguería Rezábal, que fundó su madre Pilar en 1948. «Con doce años ya empecé a trabajar en firme en la tienda. aunque antes ya ayudaba en lo que podía. Mi madre abrió la tienda el 15 de marzo del 48, por lo que este año hemos cumplido los 59 años».

A sus 63 años ha decidido que es el momento de jubilarse y lo hará en septiembre. Fue a partir del 66 cuando se hizo cargo de la tienda y en todo este tiemposiempre ha estado relacionado con la asociación de comerciantes, algo que ve fundamental para el desarrollo del pequeño comercio.

El homenaje le pilló por sorpresa. «No me lo esperaba. Mi mujer parece que ya sabía algo, pero para mí ha sido una sorpresa, no sabía nada. Estoy muy contento. Esta exposición dentro de la carpa es muy bonita e interesante. Creo que es bueno para Zarautz y para que todos sigamos adelante».

Florentino fue miembro de la primera junta y lo recuerda con orgullo. «Empezamos haciendo las reuniones en el salón de los Antonianos. Nos juntábamos la mayoría de los comerciantes. Creamos la asociación y el primer presidente fue Xabier Garate, el vicepresidente Ignacio Gar, el secretario Salvador Ruiz de Aquizu y el tesorero yo mismo. Se hicieron los estatutos y nos pusimos en marcha. Unos años más tarde dejé la junta para dar paso a los jóvenes».

El comercio ha cambiado mucho en estos años; « Antes el mercado atraía a mucha gente y los que estábamos cerca trabajábamos bien. Hoy en día hay mucha competencia. Los grandes almacenes tienen tirón. Pero lo que da vida al pueblo es el pequeño comercio. Hay que especializarse. Trabajar con calidad más que con cantidad».

Una vez que se retire la tienda pasará otras manos, pero seguirá en el ramo de la droguería. El tiempo libre lo dedicará a pasear y «quiero ir de vacaciones, algo que no he hecho nunca. Visitar a la hija y con la mujer hacer una vida diferente a la que hemos hecho durante tantos años».

Entre las muchas anécdotas que ha tenido recuerda cón «en agosto de 1965 estaba en la tienda y vino la hermana de Fabiola, la reina de Bélgica, a comprar algo. En ese momento entraron en la tienda ocho o diez ingleses que querían comprar bolsas para la playa. Había más gente dentro y les dije que enseguida les atendía. Bueno, pues me dijo la condesa de Saltes que no me preocupara, que ella hablaba inglés y ya les atendía. Y así fue. Me vendió diez bolsas de playa que se llevaron los ingleses». Por suerte, nunca ha tenido sustos en su comercio, ni robos, ni destrozos, aunque en algún tiempo las trombas de lluvia acarreaban algún problemilla, pero que ya se solucionó.

 
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