IRUN. DV. Miden entre 50 y 60 centímetros, pesan unos 4 kilos y nadan apaciblemente en el fondo del tanque. Los alumnos de 6º de Primaria del colegio El Pilar se inclinan para poder verlos mejor. «¿Qué grandes son!», exclama una de las niñas, admirada. Mientras los peces nadan ajenos a las decenas de ojos que siguen sus movimientos, los niños escuchan atentamente las explicaciones de Aitor Aizpiolea, de la Asociación de Caza y Pesca del Bidasoa, que les cuenta todo lo que hay que saber sobre estos animales: qué comen, su ciclo natural, reproducción... «¿Y cómo se sabe cuáles son machos y cuáles hembras?», pregunta uno de los más curiosos. Aitor aclara su duda: «Pues por el tamaño del salmón».
130 alumnos de 5º y 6º de Primaria, pertenecientes a los centros escolares de Dumboa y El Pilar, participan estos días en el programa de visitas guiadas a la piscifactoría de Ibarla. La actividad ha sido organizada por el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento, en colaboración con la Asociación de Caza y Pesca del Bidasoa.
Estas visitas se vienen organizando desde hace algunos años y tienen como finalidad enseñar a los escolares el funcionamiento de la piscifactoría y el ciclo de crecimiento de los salmones, al tiempo que se fomenta el respeto por el medio ambiente.
Después de observar a los ejemplares más grandes, que tienen 3 años, los alumnos se dirigen hasta otro tanque más pequeño, en el que se encuentran los esguines o salmones de un año. A diferencia de los anteriores, el tamaño de éstos ronda los 15 centímetros. «Parecen lagartijas...», comenta por lo bajo uno de los chavales, observando cómo los peces se deslizan, los unos sobre los otros, por el fondo del tanque.
«Para ellos es algo asombroso, porque no lo conocen. Es la vida, la naturaleza, y si no lo ven en vivo no es lo mismo, aunque se lo expliquemos en clase», comenta José Ramón Arruabarrena, profesor de El Pilar, que acompaña en su visita a los alumnos del centro.
Para este grupo de chavales es su segunda excursión a la piscifactoría, ya que también estuvieron el curso pasado. «Estos salmones de aquí son los que visteis recién nacidos hace un año», les explican. «Pues sí que han crecido...», comentan los niños.
Durante la última parte de la visita, los alumnos se dirigen al interior del edificio de la piscifactoría, donde pueden ver a los peces recién nacidos y escuchar las explicaciones acerca de su reproducción y nacimiento, además de algunas curiosidades sobre estos animales. «El 99% de los salmones siempre vuelve al mismo río en el que nacieron. Es un misterio». Y cuando les comentan que algunos de ellos llegan, en sus viajes, hasta Groenlandia, los niños se quedan con la boca abierta.
Viaje en el tren verde
Al término de la visita, nada mejor que un almuerzo para reponer fuerzas antes de volver a clase. A la salida, se reparten un par de bollos a cada uno. Mientras los escolares dan buena cuenta de ellos, José Ramón Arruabarrena explica que las actividades en torno al salmón no terminan con esta visita: «En clase haremos un repaso sobre lo que han visto y aprovecharemos para enlazar con otros temas, como los ríos y su contaminación».
La visita de este año ha tenido una novedad destacable: los alumnos se han trasladado hasta la piscifactoría a bordo del Tren Verde, que realiza parte de su recorrido turístico por esta zona. «Hemos pensado que sería interesante que los escolares tuvieran ocasión de recorrer uno de los lugares naturales más emblemáticos y preciados de la ciudad», explicó Belén Sierra, concejal de Educación y Medio Ambiente.
Saludando desde las ventanillas del tren, y tras asegurar que se lo han pasado «muy bien», los niños se despiden de los salmones hasta el año que viene.