Miércoles, 7 de febrero de 2007
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AVENTURAS DE UN NOMINADO EN EL ALMUERZO DE LOS OSCAR
Éramos muchos
Éramos muchos
Cobeaga, cerca de Clint Eastwood.
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El grupo de fotógrafos acreditados en el Beverly Hilton para la Gala de Nominados al Oscar abuchea a un chaval. Le echan una bronca monumental a un chico que se ha cruzado entre los objetivos de sus cámaras y Jada Pinkett, la mujer de Will Smith. Primera metedura de pata: entro por la puerta que no era, me insultan por obstruir su labor y me pongo tan rojo como la alfombra que decora el suelo.

Mi novia Marta y yo entramos en el salón del hotel. Todavía no hay mucho famoso, así que parece una convención de aseguradoras más que un acto de Hollywood. Sólo un grupo de jubilados tomando martinis y muchísimos camareros mexicanos de los que nos hacemos amigos. Pero, de repente, empieza la tromba: Forest Whitaker, Peter O'Toole, Guillermo Del Toro, Clint Eastwood... Junto a nosotros se planta Emmanuel Lubezki, mexicano y dire de foto de Hijos de los Hombres. Me pongo nervioso. Admiro mucho a ese hombre. Le felicito, le doy la mano y mi copa de vino cae al suelo. Casi pringo entero a Guillermo Arriaga, guionista de Babel. Me disculpo sin parar y él no cesa de decir «no te apures». Segunda metedura de pata.

Me alejo del meollo para no cagarla otra vez y se me acerca un desconocido. Se presenta como un competidor de mi categoría. Es Ari Sandel, realizador de West Bank Story. Me señala a alguien detrás de mí. Steven Spielberg está en la sala. Ari se acerca a él. Marta me pregunta si no quiero conocer a Spielberg y yo le contesto que me da vergüenza. Ari regresa con la cámara en la mano: se acaba de sacar una foto con él. Yo le doy un trago a la copa de vino que aún no he tirado y me acerco a Spielberg. Cuando lo tengo delante, balbuceo, pero afortunadamente Marta está a mi lado y con su perfecto inglés de Washington D.C. le dice a Steven: «Mi novio está muy nervioso. Está nominado a mejor corto». Spielberg levanta las cejas y dice que me envidia. ¿Q-q-q-q-qué?? Él no consiguió que su cortometraje Amblin fuera nominado. Le digo que no se puede quejar y le largo mi dvd del corto. Había llevado dvd's por si acaso y el primero se lo doy a Spielberg. La cosa no empieza mal y desde ese momento reparto dvd's a diestro y siniestro. Se acabó la pose de indiferencia. Paletismo a tope.

Llega el momento de sentarse en las mesas para la comida. Son mesas de ocho personas. Hay muchísimas, unas 50. La distribución de invitados en las mesas es por sorteo. Es decir, que te puede tocar de comensal Scorsese o el atrezzista de Piratas del Caribe. Marta y yo llegamos a la mesa 30 y está vacía. Nos juntamos con Javier Fesser y Luis Manso del otro corto español nominado, para observar la jugada. La gran pregunta es «¿Quién nos tocará?». El primero en llegar a nuestra mesa es David Martí, barcelonés nominado por El Laberinto del Fauno. Luego se sienta Alejandro González-Iñarritu y por último Will Smith y su mujer, la tapada-por-mí Jada Pinkett. Flipamos. Estamos en la mesa. Me presento a Will Smith y le tiro el vino encima. Tercera metedura de pata. El Príncipe de Bel Air se ríe.

Toca foto de familia. Me toca una esquinita cerca de Eastwood y junto al montador de United 93, mi película favorita de este año. Le doy la chapa pero no entiende nada de lo que digo. Miro a Scorsese, a Mark Whalberg, a Eddie Murphy... y cuando miro a Penélope Cruz, ella me está mirando a mí. Me saluda y entiendo por señas que quiere ver mi corto. Pues dvd que te crió. Cuando sale Leo Dicaprio a recoger su diploma de nominado le choca la mano a la niña de Pequeña Miss Sunshine. Yo, ni corto ni perezoso, estiro la mano para que me la choque a mí también. Lo hace y compruebo de Leonardo está fuerte. Todavía me duele la mano.

Dicen mi nombre. Voy a recoger el diploma. Tropiezo. Casi me caigo. Enésima situación embarazosa de la tarde. Will Smith le dice a mi Marta: «Me encanta tu novio. Es tan patoso...»

Demasiadas emociones. Marta y yo vamos saliendo. Nos cruzamos con Helen Mirren. Le doy el corto, claro. Y va Helen Mirren y me dice: «Podrías darme algún papel algún día...» A tope con la chavalería. Telón.

 
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