Jueves, 25 de enero de 2007
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Los valientes de La Concha
Los donostiarras que durante todo el año se bañan en el mar se convierten en portada de todos los medios informativos cada vez que la playa se viste de blanco
Los valientes  de La Concha
Maddi y Amaia salen corriendo del agua, después del chapuzón. [MIKEL FRAILE]
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SAN SEBASTIÁN. DV. Es la imagen más repetida en telediarios y periódicos cada vez que la nieve llega hasta las playas de San Sebastián. Ayer, después de la intensa nevada que durante dos horas cubrió con un manto blanco la capital, se repitió nuevamente , y no sólo una vez. Una hora a pie de playa en La Concha bastó para comprobar que esos valientes que se pasean en bañador cuando los termómetros apenas superan los dos grados no son cuatro locos.

Sólo el club deportivo del Atlético San Sebastián, con salida a la arena, cuenta con varias decenas de intrépidos bañistas que llueva, truene, hiele o nieve no suspenden ni un solo día su saludable chapuzón mañanero en el Cantábrico.

Iñaki Azurmendi es uno de ellos y ayer, cómo no, no faltó a su cita con las olas. «El único impedimento para no venir a bañarme es la enfermedad», dice este médico donostiarra que desde hace 30 años hace diariamente «sin excepción» unos cuantos largos en La Concha.

Recién salido del agua, mientras se calza las chancletas, Iñaki asegura que el baño ha sido estupendo y que el agua está muy buena, «a unos doce graditos». Sin necesidad de toalla con la que cubrirse Iñaki, tranquilamente, comenta que lo que más cuesta es la entrada, no la salida. «El contraste de venir de la sauna, que estás a 80 grados, y de meterte en el agua es lo que da más impresión, pero ahora estoy bien», dice mientras permanece impasible en la arena, sin hacer notar el frío que tiene que estar pasando.

«Lo peor, más que entrar en el agua, es el camino hasta llegar a la orilla», añade antes de volver al gimnasio y rematar su rutina diaria con «una ducha caliente y luego fría». «Pisar descalzo la nieve es lo que más sensación da, es como si pisaras cristales, prueba si quieres».

Dejamos la prueba para otro día y seguimos buscando valientes. No hace falta esperar mucho. Unos minutos más tarde salen del agua, tras un rápido baño, Maddi y Amaia, otras dos incondicionales de La Concha que forman parte también de la larga lista de más de 60 socios que nadan a diario en el mar. «Nos vamos corriendo que hace frío», dicen mientras recorren el último tramo de playa, todavía con nieve, y entran en el club pensando en el agua caliente y la calefacción que les espera en el interior.

«Les llamaba locas»

Menos prisa tiene Ainhoa que desde que hace dos años descubrió los beneficios del baño diario en el mar no se pierde una. «Bueno, algún día fallo», reconoce después del chapuzón, pero «la verdad es que es buenísimo, es una auténtica gozada».

Ainhoa pertenecía también al grupo, inmensamente mayoritario, de los que creía que bañarse durante todo el año era una temeridad. «A mis amigas les llamaba locas», dice, «pero ya ves ». Al final ella también se ha enganchado a esta locura que, asegura, «me da mucha energía» para seguir todo el día dando clases en el gimnasio. «Es una sensación de ligereza, de una energía especial», continúa.

Para esta joven donostiarra, que matiza que aunque se bañe «el pelo no me lo mojo», su experiencia apenas tiene mérito si se compara con «los señores de 70 u 80 años que todavía siguen manteniendo esta buena costumbre» y que ella recomienda a todo el mundo. «Al principio, lo pasaba mal, tenía mucho frío, pero poco a poco le vas cogiendo el gustillo», dice ahora sin inmutarse, mientras está en bañador descalza sobre la nieve y los paseantes le observan sorprendidos desde la barandilla abrigados con bufandas, guantes, gorros y botas bien forradas.

«Lo que sí voy a hacer ahora es darme una ducha templadita y tomarme un café caliente», como hacían los que desde las cafeterías que miran a la bahía de La Concha observaban y comentaban, junto a la calefacción, qué se les pasará por la cabeza a estos osados bañistas.

 
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