Soy una delincuente confesa y, al parecer, común. Soy la sospechosa de pasearme por la ciudad en vehículo particular con una bombona de butano. Sí, con suerte he conseguido una en alguna gasolinera. Pero tengo datos que espero sirvan de atenuante: hace cuatro semanas di la primera de una larga lista de solicitudes de bombonas de butano; después de muchas reclamaciones e innumerables llamadas telefónicas, sin respuesta, a un contestador que no contesta y a veces ni te permite dejar la grabación por estar saturado, a día de hoy no he sido capaz de lograr una bombona legalmente; podría haberle dado otra utilidad y, sin embargo, he reducido su uso a menesteres tan fuera de lo normal como aseo personal y poder alimentarnos.
Responsabilizo de mi culpabilidad a Repsol Butano, que alguna explicación tendría que darnos a los usuarios, ante esta patética situación que precisa ser resuelta con urgencia.
P.D.: La mejor y más efectiva publicidad, en vez de gastar dinero en la televisión, sería una buena atención y servicio a los clientes.