Lunes, 22 de enero de 2007
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CRÍTICA DE TV
'D-Calle'
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En la honesta y más bien despoblada noche de La 2 hay un programa singular. Se llama 'D-Calle' y lo presenta Cayetana Guillén-Cuervo. Rectifico: no es que Cayetana lo presente, sino que es de ella, está cortado a sus hechuras, está pensado para ella, el programa es ella y nada más que ella, y los invitados que por allí aparecen no son sino proyecciones de ella. O sea, Ella. Hasta ahora 'D-Calle' ('De Ella') llevaba una existencia más bien precaria en horario cercano a la medianoche; en TVE han debido de pensar que el problema no estaba en el programa -ni en Ella-, sino en la hora, de modo que, valerosos, han resuelto adelantarlo, para colocárnoslo en el 'prime time'.

No puede decirse que la audiencia haya saludado con alborozo la ocurrencia; más bien puede decirse todo lo contrario. Pero aún peor: ¿Para qué sirve 'D-Calle', al margen de saciar la natural vanidad de nuestra afamada estrella? De entrada, ya es problemático que en una cadena pública quepan los 'programas de autor'. Recordemos lo que pasaba con aquello que hacía Pedro Ruiz, y eso que se trataba de un caballero que lleva toda la vida haciendo variedades. Vale que Garci tuviera un programa de cine (porque es el primer director español oscarizado), que Dragó tuviera otro de libros (porque es el escritor que más divulgación literaria ha hecho en la pantalla) o que Punset haga otro de ciencia (porque es un divulgador excelente), pero, incluso en estos casos, ni siquiera puede hablarse de 'programas de autor', porque la personalidad del autor en cuestión queda supeditada a una disciplina concreta.

En esto de Cayetana, por el contrario, no hay disciplina, dominio, conocimiento que justifique el hiperprotagonismo de la actriz. Es un programa que empieza y termina en ella. Porque sí. Por su cara bonita. Entendámonos: no se trata de nada personal, sino de una elemental cuestión de prioridades en una cadena pública. Cayetana Guillén-Cuervo presenta bien un programa de cine español y, de la misma manera, podría presentar igual de bien cualquier otra cosa. Pero Cayetana no posee ningún mérito específico, ni intelectual, ni artístico ni, desde luego, periodístico, para poseer un programa personal en la cadena de televisión del Estado; no más que cualesquiera otros actores que circulan por ahí.

Mientras tanto, TVE, así en La Primera como en La 2, carece de programas de libros o de ciencia en horario razonable, sólo de Pascuas a Ramos nos trae alguno de los grandes documentales divulgativos que circulan por el extranjero, permanece ajena a buena parte de la heroica (por difícil) producción documental española, administra con cuentagotas los programas de servicio público directo... ¿Por qué no le encargan cualquiera de estas cosas a Cayetana? Así, todos contentos.

 
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