Un auténtico escándalo es la aventura que le ha tocado vivir a un honrado vecino de Barcelona. Resulta que este pobre hombre lleva mes y medio sin poder entrar a una vivienda de su propiedad, un piso que pensaba destinar como residencia habitual después de llevar a cabo unas obras de reforma. Pues bien, resulta que no puede disponer de su propiedad porque alguien, aprovechando su ausencia, la ha ocupado ilegalmente e incluso se ha permitido cambiar la cerradura. Y cuando fue a dar cuenta del desaguisado a la Policía resulta que los agentes se encogieron de hombros y le dijeron que era su palabra contra la de los ocupas y que, aún en el caso de que pueda demostrar con sus papeles que efectivamente la casa es suya, nada se puede hacer hasta que lo autorice el juez, una decisión que por supuesto no será inmediata. Y mientras tanto, este pobre hombre aguantando que unos desconocidos puedan destrozar su propiedad. ¿Qué es lo que está fallando para que puedan ocurrir estas anomalías? Porque a lo único que conducen es a que lamentablemente se extienda la ley de la selva.