- ¿Cuánto tiempo estuvo trabajando en el puente Avenida?
- Empecé haciendo los descansos dominicales de los fijos en el año 52, y luego estuve casi dos años fijo hasta que se cerró el 8 de agosto del 63. Pero lo de puente Avenida no me gusta. Ése era el puente Internacional de Irun, el otro era el puente Internacional de Behobia y el que hicieron nuevo, el de Santiago. Cuando hicieron el puente seguramente no habría ni avenida de Iparralde...
- ¿Cuál era su trabajo allí?
- Como el puente lo hizo el Ayuntamiento de Irun, era suyo y cobraba un peaje. Antes del puente estaba la lancha de Casimira Urtizberea, que cobraba cinco céntimos por pasarte de un lado a otro. El Ayuntamiento puso la misma tarifa, aunque cobrábamos diez, ida y vuelta, al que cruzaba de Irun a Hendaya. Si iba, tenía que volver, y si era extranjero ya había pasado antes en el otro sentido. Las bicicletas pagaban 15 céntimos por viaje y los coches 50.
- ¿Todos pagaban de buen grado?
- ¿Qué va! Y eso que en mis tiempos diez céntimos no eran dinero; el Ayuntamiento mantuvo la misma tarifa desde 1918 hasta que quitó el peaje en el 63. Un cronista local escribió en el periódico que ya estaba más que amortizado y que había que suprimirlo. Y mucha gente no quería pagar. Recuerdo a un señor muy alto, que siempre fumaba pipa y que había combatido en el bando nacional. Dijo que no pagaba y discutimos. De repente echó a correr por el puente y al cruzar la mitad, ya en el lado francés, lanzó vivas a la República. Tardó más de un año y medio en poder volver...
- Será una de muchas anécdotas.
- Hay cientos. Por ejemplo, uno que venía y decía que era alcalde de San Sebastián y que pasaba gratis. A nosotros nos mosqueaba y nos enteramos. Era el del Bar Alcalde de San Sebastián, ¿Alcalde de apellido! Y ya no pasó gratis nunca más, claro.
- ¿Y gente famosa?
- Mucha. Yo le he cobrado el peaje al rey Balduino de Bélgica, que venía a ver a Fabiola a Zarautz. Y a Luis Mariano, a Carmen Sevilla, a Lola Flores en su juventud (qué mujer más preciosa, parecía que la hubieran hecho torneada), a Xavier Cugat, a Tyrone Power, a Orson Welles... Éste solía venir de San Sebastián en Topo, pero en vez de ir hasta Hendaya, le gustaba bajar en el apeadero y cruzar la frontera a pie por el puente. Normalmente, estos famosos te daban un duro y sacabas una buena propina, pero Welles no; metía la mano al bolsillo y sacaba diez céntimos exactos.
- ¿Por qué se dejó de cobrar aquel peaje?
- Yo creo que fue a cambio de poner luces desde Behobia a Irun, que no había. Fue una mala venta, pero en cualquier caso pronto hicieron el puente nuevo.
- Antes de trabajar allí, ¿usó el puente, como tantos irundarras, para escapar en la Guerra Civil?
- No exactamente. Mi madre, mis hermanos, mi abuela y yo cruzamos por debajo del puente del Topo porque los fascistas disparaban a la avenida desde la fábrica de cerillas. Mi padre no quería dejar el carro en que llevábamos nuestras cosas y lo cruzó corriendo. Al otro lado, sacamos 13 balas de los colchones que iban en el carro.