Domingo, 21 de enero de 2007
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OPINIÓN
Herencia y futuro
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En un plazo no muy lejano, los iruneses podremos recuperar para uso y disfrute un elemento que constituye una pieza importante de nuestro pasado: el puente Avenida. El proyecto Espacio de la memoria de Irun y Hendaya, que los Ayuntamientos de las dos ciudades hemos puesto en marcha de manera conjunta, tiene como objetivo crear un lugar de encuentro y relación entre nuestros ciudadanos, para que en este siglo XXI los casi 100 años del puente cobren una nueva dimensión.

A comienzos de 1900, Irun y Hendaya estaban conectadas por dos puentes: el del ferrocarril, que aún hoy subsiste, y el de Behobia. El Ayuntamiento entendió que unir el paseo de Colón con Hendaya era importante para el desarrollo de la ciudad y se puso manos a la obra. El puente tardó ocho años en recibir autorización de la Diputación y dos más en ser una realidad, curiosamente, financiada por el municipio de Irun en solitario. A pesar de las incertidumbres y los problemas, aquellos que entonces tenían la responsabilidad de tomar decisiones supieron enfrentar las dificultades y encontrar el apoyo de los ciudadanos para seguir adelante con una decisión arriesgada pero estratégica, como ha demostrado la historia del siglo XX.

Es toda una lección de la que podemos extraer alguna enseñanza, como de tantos y tantos capítulos de generosidad y valentía de los que ha sido escenario el puente Avenida. Hay que recordar que ha sido testigo de los conflictos bélicos más dolorosos que ha vivido la Europa del siglo XX. Esa es también una enorme lección. No quiero pasar por alto que ha sido un ejemplo de confraternización incluso desde su inauguración retrasada hasta 1917, en solidaridad con los vecinos del otro lado del Bidasoa que vivían la I Guerra Mundial, el mismo motivo por el que Irun no celebró el Alarde de San Marcial durante cuatro años.

No podemos permitir que lo que este puente representa en la memoria colectiva de los iruneses se pierda, porque es importante para nosotros y, sobre todo, para las nuevas generaciones que son el futuro y a quienes tenemos que dar la oportunidad de conocer la historia, reflexionar y aprender.

Hace casi cien años los iruneses fueron capaces de construir un puente entre las dos orillas del Bidasoa porque creían firmemente en que eso sería bueno para ellos y para los que les sucediéramos. Y lo hicieron por propia iniciativa convencidos de sus posibilidades y de su capacidad para vencer obstáculos. Hoy, en los primeros años de este nuevo siglo, vivimos también momentos importantes en los que es vital reflexionar sobre el conjunto de la ciudad y lo que necesitamos.

También hoy tenemos pendientes decisiones trascendentes y ambiciosas para conformar una ciudad mejor para todos.La experiencia que, desde el pasado, nos rescata el puente Avenida es un magnífico ejemplo de cómo nuestra fuerza e iniciativa como colectivo de ciudadanos ha sido siempre nuestro principal activo. Y no debemos olvidarlo de cara al futuro porque ahí reside nuestra gran ventaja como ciudad.

 
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