El escultor Koldobika Jauregi ofreció una charla el pasado miércoles en la casa de cultura para explicar las obras de la colección 'Kantu Ixila' que se han mostrado en Tolosa durante los últimos meses. En esencia, el autor reflejó que la exposición trata de una serie de piedras calizas desprendidas de forma natural de Lastur y Markina, de donde ha extraído formas, simbolismos y otros elementos pero respetando en todo momento la estructura y colores naturales de las piedras. «A veces escuchamos que el arte es aquello que evoca belleza, pero debemos percatarnos también de que la naturaleza transmite su propia hermosura. Es por ello que he intentado mostrar esta reivindicación», destacó el artista.
En cuanto a las influencias y experiencias personales que le han llevado a crear esta colección, Koldobika destaca la impresión que le causó escuchar un canto que se transmitía de generación en generación en un pequeño pueblo de Zuberoa, pero que sin embargo carecía de una letra, e imitaba o describía el sonido del vuelo de las aves, de ahí el nombre que le ha dado a su obra.
«Al igual que aquel canto era producto de la improvisación, lo mismo he querido hacer con las piedras: el objetivo ha sido construir una escultura sin un guión previo, como un tarareo, de un modo libre, casi aéreo, y creo que ha funcionado», explicó el autor.
Por la simbología de su obra, Koldobika señaló la importancia que ha tenido en él la memoria de aquí, la de Euskal Herria, pero también se ha dejado influir por otras corrientes y culturas como la oriental que han dejado su poso en el trabajo de este escultor, que ya comparte espacio con obras de otros artistas tales como Chillida, Oteiza, Ugarte y otros, que se muestran en las calles tolosarras.