No queremos ser gafes e invocar, justo hoy, a la lluvia, pero si recordamos en esta calle de la Memoria la tamborrada de hace 35 años, habrá que decir el tópico aquel de que la lluvia quiso unirse a la fiesta.
El 21 de enero de 1972, DV hacía el siguiente balance: «Los donostiarras celebramos ayer la festividad de nuestro Patrono, San Sebastián. El tiempo no acompañó a la gran jornada, por lo que hubo de ser suspendida la Tamborrada Infantil, cortando así muchas ilusiones de niños y mayores, y la inauguración del Monumento al Tamborrero, erigido en la Plaza de Sarriegui. Ambos actos, esperados con enorme interés, se celebrarán el próximo domingo».
«Como se anunció, se celebró la cuestación 'Pro Lucha Contra el Cáncer', presidiendo las mesas petitorias distinguidas señoras de la ciudad y postulando por las calles numerosos jóvenes de ambos sexos. A pesar del tiempo, la ciudad se vio animada principalmente al mediodía, siendo la Parte Vieja el lugar más concurrido y visitado».
¿Se imaginan ustedes mesas petitorias con «distinguidas señoras» en mitad de la vorágine de mañana? En fin, las cosas han cambiado bastante desde aquel día de San Sebastián de 1972 en que dos queridos periodistas, Alfonso Sánchez y Josefina Carabias, recibieron el Tambor de Oro.
Con la suspensión por lluvia la fiesta tuvo su continuidad al domingo siguiente, ya «con un tiempo magnífico, soleado, aunque quizás con cierto frío». Entonces se inauguró el monumento al tamborrero, que acompañaba al busto de Sarriegui en la esquina de su plaza opuesta a la actual. La figura fue promovida por la Unión Artesana con motivo de su centenario y la realizó José Lopetegui, «después de unas jornadas agotadoras», se explicaba en DV.
Aquel domingo se celebró también, por fin, la Tamborrada Infantil, presidida por la Bella Easo, «Reina Infantil de San Sebastián», se decía entonces, Macarena Pérez Olarra, quien «se ganó la simpatía de los donostiarras por su gracia y expresión al corresponder a los aplausos de los millares de personas que formaron a lo largo de todo el recorrido».
El periódico se atrevía a poner un pero al desfile de los niños. «Quizás la Tamborrada Infantil adoleciera de cierto ritmo general a la hora del desfile, pero siempre se hace difícil sincronizar el texto musical y el batido de parche y barril».