IRUN. DV. Cipriano Larrañaga le planteó a la Diputación Foral la construcción de un puente que uniera Irun y Hendaya como un proyecto estratégico. Corría el segundo año del siglo XX y, seguramente, el entonces alcalde de Irun no alcanzaba a imaginar la importancia que en el futuro llegaría a tener ese puente.
El puente Avenida ha sido escenario de importantes sucesos históricos y, en buena parte, protagonista de ellos. Se le achaca complicidad con los contrabandistas, pero quien conoce a los mayores de la ciudad sabe que, gracias a los gabarreros, en esto nunca fue imprescindible.
Un cronista donostiarra presentaba, allá por 1900, la zona del bajo Bidasoa como punto neurálgico de una moda que denominaba «pasar de matute lo que se pueda». Y entonces aún no había puente.
Aunque la voluntad de construirlo surgiera antes, no lo hubo hasta 1916. Con exclusiva financiación municipal, se terminó para aquel año, se inauguró oficialmente en el siguiente pero no se extendió su uso hasta que en 1918 terminó aquella I Guerra Mundial en la que Francia estuvo implicada. En zona fronteriza, aquella influencia de lo bélico marcaría la realidad de aquel puente más que el propio contrabando.
MIRADOR DEL FUEGO
La Guerra Civil
El puente Avenida sirvió a miles de irundarras para escapar de la Guerra Civil en el año 36. Victoria Quiñones recuerda cómo pasó «tres días bajo la tejavana de la vieja estación del Topo que había allí, hasta que llegaron soldados para decirnos que pasáramos. Yo tenía ocho años». También cruzó José Icardo, que tenía seis, «cogido de la mano de mi madre». Pasaron el puente mientras veían arder Irun. Porque además de su vía de escape, el puente Avenida fue el mirador desde el que muchos vecinos vieron cómo se quemaba su ciudad.
COMPANYS Y COMPAÑÍA
La Francia ocupada
Aún le llegarían, no mucho después, tiempos tan malos o peores. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue el lugar en el que fueron entregados varios fugitivos de la dictadura española que fueron detenidos en la Francia ocupada por el régimen nazi. Allí fue entregado quien fuera president de la Generalitat en la República, Lluis Companys. Y no sólo él, sino tantos otros, entre los que Nicolás Aguirre mencionaba al periodista y ministro de la República Julián Zugazagoitia; al secretario de Indalecio Prieto, Francisco Cruz-Salido; al sindicalista Juan Peyró; al cuñado de Manuel Azaña, Cipriano Rivas-Cherif...
LA PUERTA A EUROPA
El Franquismo
A partir del final del período bélico, el puente Avenida se presentó en términos distintos. Hasta que en 1966 se procediera a la inauguración del más moderno puente de Santiago, el viejo Avenida simbolizaba una mínima grieta en el régimen franquista; un leve agujero que, a través de Francia, permitía la entrada del aire fresco europeo. Era, en palabras del alcalde José Antonio Santano, «una puerta por la que los irundarras, a través de Hendaya, veíamos al fondo la lucecilla de Europa». Por el puente entraron en aquella época nuevas ideas. Era un anticipo del futuro.
LA INDUSTRIA FRONTERIZA
El 'estraperlo'
Precisamente, quienes más y mejor uso hicieron de esa puerta de atrás fueron los contrabandistas. Las calles de Irun están llenas de historias sobre el ingenio en la práctica del estraperlo, a medio camino entre la realidad y la leyenda. Como aquella de aquel que cada mañana cruzaba andando el puente avenida y saludaba amablemente al vigilante de Aduana. Por la tarde, tras el cambio de guardia, saludaba igual de amablemente a su relevo cuando regresaba de Hendaya, esta vez en bicicleta. Decía Nicolás Aguirre que era un «contrabando inofensivo», que a muchos dio para co- mer y a otros para enriquecerse.
LA CAÍDA DE LA FRONTERA
1995-1999
Aquel ambiente estraperlista comenzó su declive a mediados del siglo XX, sobre todo a partir de que en 1955 finalizara el boicot a España, ésta se integrara en la ONU y terminara el bloqueo exterior, dando paso a la llegada, cada vez mayor, de mercancías y turistas a la frontera. El flamante nuevo puente de Santiago, 1966, pensado ya para dar servicio al tráfico moderno, restó total protagonismo a su viejo hermano.
Cuando en 1995 entró en vigor el cierre de los puestos fronterizos conforme a los acuerdos de aquella jovenzuela CEE, oculto por los edificios aduaneros del Estado, por las marquesinas y los puestos de control policiales, el puente Avenida parecía haber desaparecido. Pero el derribo de las estructuras fronterizas en 1999 lo acercó de nuevo a la ciudad.
RETIRO EN PAZ
Proyecto transfronterizo
Ahora, muy cerca de cumplir los 90, los ayuntamientos de Irun y Hendaya le desean un futuro de mayor sosiego. Quieren que el puente Avenida se convierta en un lugar de estancia tanto como de tránsito, pero eliminando la carretera y permitiendo que únicamente las bicicletas acompañen al peatón. Quieren que sea, además, un espacio para la memoria y que el adyacente edificio de la Aduana española, en desuso desde hace demasiado tiempo, lo complete con documentación, exposiciones...
Han sido 90 años de frenética existencia en los que el puente Avenida se ha ganado el prometedor futuro que, al parecer, le espera a partir de ahora.