SAN SEBASTIÁN. DV. Los esquiadores andan inquietos. El anuncio de la primera gran nevada de la temporada, confirmando los pronósticos que se dieron hace ya algunas semanas, ha devuelto la vida a los amantes del esquí, después de mes y medio de agonía con tiempo primaveral y hasta veraniego en algunas ocasiones.
Hasta la fecha la temporada ha transcurrido más mal que bien gracias a la nieve de cañón. Sin embargo, la subida de temperaturas de la última semana ha impedido la fabricación artificial de nieve, por lo que el estado de las pistas, en general, no ha hecho sino empeorar un poco. Así las cosas, y cuando algunos empezaban a pensar en una temporada en blanco, los pronósticos hablan de la llegada de una masa de aire frío, que hará que las temperaturas registren un notable descenso, con precipitaciones de nieve en toda la zona Norte, que afectará no sólo a las montañas, sino incluso a zonas mucho más bajas.
De confirmarse, se tratará de la muy esperada y primera gran nevada de la temporada, que debe cambiar el signo de la temporada de forma radical.
Hasta el momento se ha podido esquiar gracias a la innivación artificial, pero en condiciones bastante malas, totalmente inusuales en el mes de enero.
Aunque el mal a las estaciones y a los negocios subordinados ya está hecho, no sería malo que los tres meses de temporada que restan las condiciones acompañen un poco. Febrero es, por excelencia, el mes de las nevadas y el que más afluencia de esquiadores registra cada año, aspecto que se podría repetir sin efectivamente llegan la nieve y el frío.
De momento, las pérdidas son importantes, pero tiempo hay por delante para recuperar un poco el tiempo perdido. Los esquiadores están con ganas y seguro que en las próximas semanas se acercarán a las estaciones.
El cambio del tiempo, en cualquier caso, parece que va a respetar la fiesta de San Sebastián, porque no llegará hasta mañana por la noche. Las condiciones, por tanto, no van a ser muy buenas para este fin de semana. Al no haber funcionado los cañones, los partes ya no hablan de nieve polvo, sino de nieve dura o dura-primavera, con espesores realmente mínimos que, excepto alguna excepción, en ningún caso superan el medio metro de nieve, ni siquiera en la zonas más altas.