Jueves, 18 de enero de 2007
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TOLOSA
Recuerdos del bar 'El Tubo'
El matrimonio formado por Jesús Delgado y Julia Hidalgo fue quien regentó el desaparecido bar de la calle Santa María entre 1955 y 1957
Recuerdos del bar 'El Tubo'
Cecilia Hidalgo, junto al solar del número 9 de la calle Santa María. [MARIN]
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ORDIZIA. DV. Jesús Delgado y su mujer, Julia Hidalgo abrieron el desaparecido bar 'El Tubo' en 1955, establecimiento en el que junto a ellos trabajó la hermana de Julia, Cecilia y en el que permanecieron hasta mediados de 1957. Se completa así la historia de este céntrico local y encuentra respuesta la pregunta de ¿quién abrió 'El Tubo'?

Una cuestión que se suscitó en la localidad, justo en el momento en el que la piqueta se encargó, el pasado mes de agosto, de convertir en una estampa para el recuerdo el número 9 de la calle Santa María, edificio situado junto a la parroquia, frente a Torrea, vacío y desvencijado desde hacía años, que en el final de su vida activa albergó en su planta baja, el bar 'El Tubo', y la mercería Vicuña.

De salida, no fue difícil encontrarle a Justo Pérez, hijo y miembro de aquella familia, que en 1958 reabrió el bar, al que pasaron a llamar 'El bodegón burgalés', como rezaba el letrero que acuñaron en la entrada del establecimiento, pero al que, como ocurre en tantas otras ocasiones, los ordiziarras le siguieron conociendo por 'El Tubo'.

El propio Justo Pérez trasladó, hasta esta misma página, sus recuerdos y vivencias de aquellos años juveniles en los que le tocó arrimar el hombro, hasta aquel septiembre de 1969, en el que, con la jubilación de sus padres, el bar cerró para siempre, sus puertas.

La segunda etapa del establecimiento quedaba clara, pero se trataba de saber quién abrió aquel primer establecimiento.

La cuestión puso en danza a todos los veteranos del municipio, tanto de la localidad como de la diáspora, empezando por los vecinos de la casa de 'Eskallu', como se conocía al número 9 de esta calle, ya que todos ellos recibieron la invitación a repasar sus recuerdos en busca de una solución al enunciado.

De salida era Serafín Letamendi quien centraba la cuestión y ponía la resolución del enigma en la pista adecuada, pero la persona de contacto, Isidoro Piñeira, localizado en su Extremadura natal, puesto al otro lado del teléfono, alegaba, a bote pronto, desconocer la respuesta.

La pregunta corrió de boca en boca, tuvo su efecto multiplicador en cada ámbito de relación, sin que nadie acertara a ponerle nombre y apellido.

Así, hasta que, el propio Isidoro Piñeira dándole vueltas al tema se preguntó aquello de «¿a ver si va a ser el bar que tuvo mi primo?, duda que trasladaba a la familia, ámbito en el que quedaba positivamente resuelta.

Ignacio Crehuet, padre, ejercía de correa de transmisión y nos facilitaba el teléfono de Julia Hidalgo, quien disfruta de su jubilación en Cilleros (Cáceres), localidad que le vio nacer.

Abierto en 1955

Julia Hidalgo relata que en 1954 llegó junto a su marido a Beasain desde su Extremadura de cuna y que al año siguiente abrieron el bar 'El Tubo', en Ordizia, al que bautizaron con este nombre por aquel pasillo largo y estrecho que servía de acceso al local.

«Vivíamos en la misma casa -recuerda- pero la vivienda no ofrecía demasiadas condiciones, así que dos años después, a mediados de 1957, cuando se nos presentó la oportunidad de coger la bodeguilla que existía en la calle San Ignacio de Beasain, nos fuimos».

Julia comenta que su marido Jesús, fallecido hace ahora tres años, era un hombre inquieto. De Beasain se fue a Alemania, donde estuvo trabajando casi un año, país del que regresó a la localidad vagonera para abrir una peluquería de caballeros, junto a la que fuera plaza del pescado.

De 'El Tubo', Julia guarda un gran recuerdo. «Trabajábamos muy bien. Aunque era un bar pequeño, subraya, en sucesivas tandas solíamos dar hasta 80 comidas al día».

«Teníamos una clientela muy buena. Al bar venía muchísima gente, no sólo nuestros paisanos, que eran años de emigración, sino todas las cuadrillas de Ordizia. Nos sentimos muy queridos».

Para afrontar este trasiego, Julia recurrió a su hermana Cecilia. «A mi no me entusiasmaba la idea -dice Cecilia- pero me insistieron tanto que tuve que hacerlo».

«Fueron días de mucho trasiego -añade Cecilia- porque también dábamos cenas, servíamos pinchos; callos, morcilla y bacalao desmigado, que eran nuestra especialidad, pero guardo muy buenos momentos».

Cecilia se casó en Ataun y acabó asentándose en Lazkao, donde reside.

Con cierta periodicidad, sobre todo los miércoles visita nuestra localidad. «La semana pasada estuve hablando de aquellos tiempos con Manolo, 'el panadero'», comenta.

Qué cosa, finaliza Cecilia, «a menudo vengo a Ordizia y a pesar de que han pasado 50 años, todavía percibo cierto poso de aquel trato y relación. Creo que dejamos un buen recuerdo».

 
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