Domingo, 14 de enero de 2007
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TOLOSA
Una tolosarra participa en el proyecto de una ciudad utópica
Ane Ugarte reside desde hace 12 años con su familia en Auroville, India, con gentes que aspiran a una sociedad más justa y armoniosa
Una tolosarra participa en el proyecto de una ciudad utópica
Ane Ugarte, esta misma semana, en Tolosa. [KLISK]
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TOLOSA. DV. A Ane Ugarte nunca le han abandonado sus sueños utópicos e idealistas de luchar por una sociedad más justa. Y este impulso sigue siendo el motor de su vida. Vivió una juventud un tanto rebelde, que de alguna manera chocaba con la tradicional sociedad tolosarra de los años setenta. Más tarde descubriría por sí misma que la revolución se hace «desde dentro de la propia persona», que no hace falta enfrentarse a nada ni a nadie.

Ane conoció a Eric, otro soñador, como ella. Tras diferentes momentos y etapas como pareja, acabaron viviendo en Estella de un modo apacible, asentado. Tenían una vida matrimonial cómoda y próspera, un futuro económico y laboral asegurado. Pero Ane dice que se sentían como «extraterrestres», que «les embargaba un tremendo vacío». Así que no se lo pensaron. Habían oído hablar de la ciudad de Auroville, en la India, «un proyecto internacional de unidad humana». Vendieron su casa de Estella, y un buen día de 1995 se plantaron allí junto a sus tres hijos, que tenían entonces 12, 10 y 4 años.

Ane, que lleva unas cuantas semanas de visita en Tolosa, cuenta que Auroville fue fundada en 1968 con el objetivo de crear una ciudad universal en donde hombres y mujeres de todo el mundo puedan vivir juntos, en paz y armonía, por encima de cualquier credo, sistema político y nacionalidad. «Yo siempre he sido muy romántica y soñadora y me atraía mucho la idea», cuenta. Insiste en que el modo de vida que ha elegido «no es mejor ni peor que el de otros». «Simplemente -añade-, yo diría que aspiro a construir una sociedad más justa, y que Auroville responde más a mis inquietudes vitales, aunque me costó adaptarme y hay quien no lo hace y se vuelve».

Auroville no es una secta ni una comunidad benéfica ni un territorio gurú. En realidad, no es más que un lugar donde reside «gente de buena voluntad», en lo que constituye un tremendo «laboratorio humano». La vida allí se articula en torno a cooperativas y unidades comerciales, donde «se trabaja para vivir» y no con el objetivo de «atesorar riqueza». «En Auroville sí que hay ricos y pobres, pero los primeros no se hacen más ricos explotando a los otros», cuenta Ane.

Talleres y cooperativas

Auroville colabora muy activamente también en la integración y crecimiento de los indios tamiles de la zona, que se incorporan como trabajadores al proyecto de ciudad. Esta tolosarra vitalista y entusiasta se ríe recordando «cómo se le cayeron muy pronto los esquemas de eficacia occidental» cuando llegó a Auroville. Primero trabajó como educadora, después montó un taller de costura en una cooperativa y ahora quiere crear una unidad comercial. «Hay que tener mucha paciencia, porque allí el ritmo de vida y de trabajo son muy diferentes, hay que tomárselo con filosofía y humor».

Auroville es un proyecto avalado y reconocido por la Unesco, y por muchas organizaciones gubernamentales que están dando fondos para construir la ciudad y que colaboran activamente con esta iniciativa.

Eric, el marido francés de Ane, es un experto en materiales de construcción. Invirtió el dinero que se trajo de España en la creación de un taller 'auzolan'. Investigó en la creación de un ladrillo especial, aislante y térmico. Hoy, su empresa de construcción da trabajo a veinticinco indios y Ane se muestra orgullosa por ello. «Ellos con sus manos, y nosotros con nuestras ideas, creamos una buena combinación y el resultado final creo que es armonioso y equitativo».

Ane se muestra muy agradecida a la India, «un país auténtico», alejado de los esquemas de competitividad occidentales. «La gente de allí me emociona».

Dice también que en Auroville ha constatado que «no hay diferencias entre los seres humanos». «So-mos todos iguales», cada vez estoy más convencida de ello», «por eso cada vez entiendo menos los conflictos de identidad».

También ha comprendido que la aspiración profunda del ser humano va más allá de cualquier credo.

La tragedia del tsunami

Ane y su familia vivieron de cerca la magnitud de la tragedia del tsunami. Todavía se le humedecen los ojos cuando recuerda cómo sobrevino la catástrofe. Vio la muerte de cerca, y fue testigo de la desolación posterior del país. Y relata cómo la ciudad de Auroville y todos sus habitantes se involucraron en tareas humanitarias. «Cuando me viene a la cabeza el tsunami, recuerdo sobre todo el rugido del mar y también el enfado de la gente porque nadie del Gobierno les había avisado de lo que venía».

Tolosa, más moderno

A los cinco años de vivir en Auroville, Ane regresó de visita a Tolosa. Llevaba mucho tiempo sin venir y, en contraste con la abigarrada multitud hindú, su ciudad natal le pareció «un decorado tranquilo, una postal». Recuerda que le sorprendió el cambio experimentado por la villa. «Me pareció un pueblo más europeo, más moderno en equipamientos, en urbanismo y arquitectura». Ane también dice que este regreso a Tolosa le resultó «muy entrañable», porque tuvo una «verdadera sensación de acogida». Ahora ha vuelto de nuevo a Tolosa para pasar unos días entre nosotros, pero regresa pronto a Auroville. Sus hijos han empezado 'a volar', como dice ella (uno de ellos está trabajando en Europa), pero Ane, en su inconformismo, sigue en el empeño de querer seguir participando en un sueño en el que cree profundamente.

 
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