Domingo, 14 de enero de 2007
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ÁNGEL LLÁCER ACTOR, DIRECTOR Y EX PROFESOR DE 'O.T.'
«A los treinta años, uno no debe ser maduro, sino sensato»
Tras su paso por la academia de Tele 5, el actor y director se ha embarcado en un gira teatral con la obra 'Ya van 30' que le ha traído al Principal de San Sebastián. Esta noche ofrece la tercera y última función.
«A los treinta años, uno no debe ser maduro, sino sensato»
El actor y director Ángel Llácer, en la Plaza de la Constitución de San Sebastián. [MIKEL FRAILE]
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POLAROID
Nací en Barcelona en 1974.

Soy licenciado en Arte Dramático.

Ofrezco hoy la tercera y última función en el Principal de la obra Ya van 30.

El martes, día de mi cumpleaños, estreno en La Sexta un nuevo programa, Anónimos.

A partir de junio, cuando termine la gira teatral, quiero descansar.

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- Guille, el protagonista de la obra ya ha tenido treinta novias. ¿Es un inconstante o un insoportable?

- Es un incomprendido y un débil. La debilidad siempre hace que te pase esto, pero lo que pasa es que las mujeres le gustan mucho, aunque siempre acaba dejándolas.

- ¿No es un poco precoz tener una crisis a los treinta?

- Se da cuenta que no puede ser que a esa edad no sepa lo que quiere. Piensa: tengo treinta años y tengo que empezar a saber qué es lo que quiero de verdad, algo que nos pasa a todos los que tenemos esa edad. Luego te das cuenta de que es mentira y vas haciéndote mayor sin que llegue nunca ese momento. Y al protagonista le pasa eso y sufre también el síndrome de Peter Pan.

- Madurar a los treinta, ¿es precipitarse?

- No sé. Creo que a esa edad hay que encontrar la sensatez, no la madurez.

- ¿Cuál es la diferencia?

- No lo sé porque soy un inmaduro.

- ¿Por qué se hizo actor?

- Vi que en esta vida me había tocado trabajar, pensé en lo que más me divertía e hice todo lo posible por conseguirlo. Así empecé.

- En esta obra también ejerce de director. ¿Trabajan aterrorizados sus compañeros de reparto?

- Eso habría que preguntárselo a ellos. Nos costó mucho en los ensayos porque me veían como director, pero creo que no están aterrorizados. Lo que sí saben es que no pueden hacer nada que se salga del guión porque soy muy exigente con esas cosas. Igual me tienen muy engañado, pero creo que se lo pasan como nunca. Mis obras no funcionan si el actor no se lo pasa bien.

- Oiga, ¿no le parece que estas crisis de los treinta son una broma comparadas con las que nos esperan a los sesenta y setenta?

- Todos sabemos que nos vamos a morir, pero cuando tienes treinta no eres tan consciente. Cada vez te queda menos, hasta que te das cuenta que ya sólo estás aquí esperando a morir, que debe ser una crisis muy grave.

- En la obra, los familiares y amigos del protagonista intentan enderezar su vida y convertirle en un hombre de provecho. ¿Es lo que usted hacía con los triunfitos durante su etapa de profesor de la Academia?

- No sé si los personajes de esta obra ayudan al protagonista o no tienen ni la intención. Yo sí la tenía de ayudar a los alumnos. Sabes que los alumnos luego olvidan al profesor y así tiene que ser. Convives un tiempo e intentas ayudarles, pero luego ellos vuelan y vuelan.

- Y usted, ¿les olvida?

- A algunos sí, pero lo que quedan son momentos inolvidables.

- ¿Pasó por un casting para ser profesor de Operación Triunfo?

- No, fui yo a por ellos. El programa ya existía, pero necesitaban a un profesor de interpretación y les dije que yo sería estupendo.

- ¿Qué opina de Nicoleta, su sustituta en la clases de interpretación de O.T.?

- Apenas he podido ver el programa porque coincide con las funciones de la obra.

- Pero habrá oído hablar del polémico jurado Risto Mejide, de quien fue por cierto compañero de estudios. ¿Qué opina de su papel en el programa?

- Me parece estupendo. Creo que todo lo que dice es verdad.

- En la Academia, ¿les enseñan a interpretar o a fingir?

- No hay ninguna diferencia. Es lo mismo.

- ¿Interpretaba usted cuando estaba con los alumnos?

- Era yo. Hombre, no soy igual en una academia televisada que cuando estoy en mi casa, pero nadie me decía lo que tenía que hacer o decir.

- ¿Tenía la sensación de que aquello era un monólogo?

- A veces sí, claro, pero la capacidad de un profesor es hacerse entender y hablar todos los idiomas, y yo los hablo.

- ¿Volverá a ser profesor de O.T.?

- No lo sé. No tengo ningún problema porque me gusta, lo que pasa es que a veces es incompatible con compromisos previos.

 
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