FORMIGAL. DV. El tiempo no es lo único que anda loco estos días. La perdiz nival, que subsiste en los Pirineos, se vistió en otoño su plumaje blanco para despistar a los depredadores y ahora corretea por los verdes prados como una novia a la huida, en busca de neveros donde camuflarse. La montaña oscense empieza a adonarse con una florecilla amarilla que brota en primavera, y hasta Le Petit Train de Artouste -un trenecito turístico francés, el más alto de Europa, que traquetea a 17 kilómetros de Formigal y a 2.000 metros de altitud- se anuncia estos días con el cartel de 'Exceptional': es la primera vez que ofrece su alegre recorrido en invierno. ¿La razón de todo esto? No hay nieve. Un repaso visual a Formigal hace dudar: ¿una estación de esquí o las Bardenas reales? No sería raro que los rebecos barajen la tentadora opción de seguir apareándose, como en noviembre. Y la cosa está igual en toda Europa. Sólo hubo que ver por la tele los saltos de esquí del día 1 para saber que algo no iba bien: los Alpes aparecían pelados y se canceló la segunda ronda en Garmish, algo sin precedentes.
Un insultante reloj-termómetro con forma de torrecilla en el centro de Formigal se ha convertido en el 'Pepito Grillo' de vecinos y visitantes; les recuerda a todas horas eso que todos piensan y ya no quieren ni comentar. El miércoles marcaba 12 grados a la hora de comer. A 1.500 metros. No nieva y no tiene pinta de que lo haga. En su despacho, José María Abós, director de esta estación de esquí durante los últimos 23 años, descorre las cortinas del gran ventanal. No le gusta lo que ve: el cielo sigue del mismo azul que sus ojos y, enfrente, tan sólo la lengua blanca de la pista Sextas -con nieve artificial- rompe un panorama desolador. «Parece que es primavera. Ahí suele dormir el ganado en verano. Y podría hacerlo ahora. ¿Si tiene hasta hierba!».
Abós acaba de hablar con José Antonio Maldonado, meteorólogo televisivo y gran amigo suyo: «Me ha dicho que vienen un par de días de suave borrasca y luego, otra vez el anticiclón. Vamos, que de momento nada». El problema es que hay más de cien personas (maquinistas, taquilleros, personal de aparcamiento, telesillas...) que esperaban ser contratadas de forma eventual como en años anteriores y que también miran cada mañana al cielo. «Pero no pueden esperar mucho más; como no nieve pronto buscarán otra cosa. Y luego quizás lo haga de repente y entonces tendré que ir yo a atender los remontes», dice preocupado el director.
Navidad ha acabado en Formigal con unos «porcentajes escandalosos», confiesa Abós. «Hemos contado sólo con un 35% de los esquiadores que tuvimos el año pasado por estas fechas», añade. Es decir, la tercera parte. «Y no hablemos de dinero, porque así salimos incluso peor; abaratamos los precios porque no podemos cobrar lo mismo si sólo ofrecemos 10 pistas de 82. Así que los remontes han bajado de 35 a 25 euros y la semana de promoción, de 108 a 75. Sólo hemos vendido la mitad de los abonos de temporada del año pasado, y eso que hemos sacado uno que sirve para todas las estaciones de Aragón». Con los datos en la mano, Abós comenta que también ha habido problemas otras temporadas, aunque no recuerda haber llegado nunca tan pelados a fechas tan avanzadas.
A través del ventanal se ve a una familia descendiendo por la pista. Son Mónica Barca, José María Plana y su hijo de 5 años, Daniel. «Venimos de Tarragona. Teníamos las vacaciones reservadas desde noviembre, así que aquí estamos. Nunca se puede saber qué va a pasar con el tiempo, pero es que desde el remonte ves sólo hierba. Es increíble. Menos mal que han bajado los precios», dicen.
La campaña se está salvando aquí -como en la mayoría de estaciones de España y del resto de Europa- gracias a los cañones de nieve artificial. En Formigal hay 370, 80 de ellos estrenados este mismo año. Pero el problema no es sólo que apenas han caído cuatro copos este invierno, sino que las temperaturas son extremadamente altas, y estos mecanismos necesitan entre -5 y 0 grados para que sirvan de algo. Curiosamente, y a pesar de todo, esta estación de esquí se anuncia estos días en la radio ofertando la totalidad de sus 106 kilómetros de pistas, aunque sólo haya abiertos 10 -el año pasado llegaron a tener 53-.
Algunos se refieren al cambio climático, pero en Formigal no quieren ni oír hablar de eso: «¿Pero qué calentamiento global ni qué hostias! Esto es sólo un pequeño bache estacional. Fíjate la de nieve que tuvimos el año pasado», argumenta algo molesto el responsable de un bar. Como él, e incluso con más vehemencia, opina la mayoría de los vecinos de esta localidad, que vive gracias al esquí.
Las noches en el bar
Pero en Sallent de Gállego, un pueblecito carretera abajo de Formigal, no están tan seguros. En la tele del bar Casino, las noticias hablan de la fallida temporada. Y su dueño, Vicente Rouco, asiente: «Si ya se veía venir. Claro que está cambiando el clima. Lo excepcional fue lo del año pasado, esa cantidad de nieve. Pero desde años anteriores se viene viendo que cada vez habrá menos. Van a tener que pensar qué hacen con las estaciones. ¿Quizás dedicarlas a otro tipo de ocio, a balnearios, al descanso? Nosotros no hemos notado casi el bache porque no dependemos del esquí, la gente viene al monte a andar. Así que mientras haga bueno...»
Cualquier buen aficionado sabe que la mejor forma de culminar un día de esquí es en los bares del pueblo o alrededores. Aún se recuerdan las juergas en el ya desaparecido Collin's, hace unos cuantos años. Aquel sí era un buen lugar para pasarlo bien y ligar un poco. Algunos incluso se acuerdan de las «'pilinguis' que llegaban de Francia» (Ahora esa oferta queda algo más lejos, en el Don Juan de Jaca). Eran tiempos en los que las nevadas atrancaban la puerta y había que salir por la ventana a cuatro patas. ¿Pero que la falta de nieve no sea una excusa! Así que en La Luna Llena beben esta noche (la del martes) un puñado de parroquianos.
Allí está 'Madaleno', aunque su nombre real sea Eduardo Esponey. Cada invierno, desde hace 16, enseña a deslizarse pendiente abajo. El resto del año vende y coloca mosquiteras por los pueblos de Zaragoza. También es navegante, y restaura motos antiguas. Se está tomando una cerveza y lía un cigarrillo, pero mañana por la mañana volverá a la pista abierta del Portalet para seguir instruyendo a los críos. «Las clases han descendido entre un 40% y un 60% y los monitores nos repartimos las horas; la Escuela de Esquí es una sociedad». «Estamos a la espera de que se arregle. Si a finales de mes ha nevado, en febrero, marzo y abril esto estará abarrotado. Y si no nieva, pues ya hará frío, con lo que pondremos a funcionar los cañones». 'Madaleno' es optimista, aunque reconozca «preocupación por parte de todos. Esto es un motor para Aragón. Afecta hasta a la ciudad de Huesca, porque muchos se van a hospedar allí. Por eso hay proyectos como el aeropuerto, para volver a captar al turista inglés, la autovía...»
«No hay alegría»
Sí, Formigal ha crecido mucho gracias a la nieve. Antes estaba volcado en la ganadería, pero hoy la estrella es el esquí. Los pisos cuestan casi a millón el metro cuadrado, como en el centro de muchas ciudades españolas, y hay una docena de establecimientos hoteleros. Tomás Chéliz es el jefe de recepción del Hotel Formigal, un cuatro estrellas de 72 habitaciones. «Esperábamos una ocupación del 100% para estas Navidades, pero nos hemos tenido que contentar con el 80%. Y eso gracias a que tenemos una clientela fiel que no nos falla. Hombre, también es importante que la gente tiene ya cogidas las vacaciones en unas fechas determinadas y que no quiere perder el dinero de la reserva. De todos modos, hay pistas para esquiar, y si no, siempre te puedes dedicar a excursiones, a andar, a actividades culturales en Sallent...». Chéliz no tiene muchas esperanzas en que nieve a corto plazo. «Enero está ya casi perdido. El año pasado, este mes tuvimos una media de ocupación del 90% y ahora nos quedaremos en el 40%. Yo soy montañero y, la verdad, esto es lo peor que he visto en veinte años. Me da mucha penica», dice.
Penica es lo que tienen todos en el pueblo de verlo así... «Se nota que no hay alegría, la gente está cabreada. El ambiente de la nieve es mucho más animado», dice el argentino Juan Pablo Blázquez, un joven que sirve en el bar Saloon, que tiene una terraza donde tomar al sol «guinnes, kebabs, pizzas caseras o chicken curry». «Como se esquía menos, la gente viene a nuestra terraza, aunque hay momentos en que nos aburrimos bastante. Lamentablemente, creo que no va a nevar. Ayer había 12 grados, parece mayo. El año pasado empecé a ver lesionados a partir del 15 de marzo, y estos días ya he visto a unos cuantos magullados y con heridas en la cara; poca nieve y mucha piedra».
Económicamente, los hosteleros no han notado demasiado la situación, la gente que hay visita más los bares y restaurantes ante la dificultad para esquiar. Tampoco le va mal al Asador Barrullán, un negocio familiar donde trabaja Gerardo Escartín, que no da abasto para atender el comedor, repleto a mediodía aunque con más huecos a la hora de cenar: «Estamos al 90%. Ha habido otros años en que la nieve tardaba en llegar, pero nunca tanto. 1975 fue malo y 1989 también. Mi abuelo decía que él recordaba a las vacas pastando por aquí en enero. Pero va a nevar en febrero, ya verás, y para nosotros es como agosto», dice optimista.
Pasándolas canutas
Los que sí están pasándolas canutas son los de las tiendas de ropa y accesorios de esquí. José Masonet 'Pepín' corrió ocho años la Copa de Europa y del Mundo de esquí junto a Paquito Fernández Ochoa y en 2006 quedó segundo en el Campeonato de España de veteranos. Regenta desde hace 35 años una tienda Intersport: «Hemos vendido estas Navidades el 40% de lo del año pasado. He tenido que pedir un mes de plazo para pagar los recibos de las compras que ya debo empezar a hacer para el año que viene. ¿Mira cómo están las estanterías de repletas! Incluso la sección de niños, que siempre tiene más movimiento porque crecen rápido. Han bajado las ventas en ropa, esquíes y botas, y se mantienen en accesorios como guantes y gorros. La gente no compra esquíes nuevos, los destroza con las piedras. Prefiere mantener los viejos o alquilarlos. Y no sé lo que va a pasar este año, porque muchos ya no tienen más vacaciones y de un año a otro el material se queda viejo. No recuerdo algo peor». Masonet tiene once empleados «más los cuatro de casa. He tenido que dar vacaciones a la mayoría a la espera de la nieve». Califica esta situación de «deprimente, crítica. Y esta nieve de cañones, con dos días de lluvia o de sol, desaparecerá rápido», pronostica.
También lo ve negro Benito Pérez, del supermercado Pirineos: «Es alucinante, estoy pensando que estamos en primavera. Mi padre decía que sólo hubo algo así en el 48. Si lo normal es que ahora tuviéramos dedo y medio de hielo por dentro de la ventana...». Sí, todo es muy raro este invierno. Lo que no sería extraño es que todos estén deseando que la madre de todas las nevadas impida pronto al dichoso trenecito de Artouste continuar con su desenfadado traqueteo.