Sábado, 13 de enero de 2007
Registro Hemeroteca

en

EDICIÓN IMPRESA

Editorial
Unidad por encima de todo
La polémica que se ha creado en torno a las manifestaciones de hoy en Bilbao y Madrid ha ocultado los objetivos que la ciudadanía persigue con su participación en unas expresiones cívicas de reivindicación y homenaje. El clamor popular de solidaridad con los familiares y amigos de las víctimas, de repulsa del terrorismo como instrumento de intervención política y de rearme moral y democrático de la propia sociedad que se manifiesta ha sido silenciado por el ruido del debate que, como si fuera el eco del estruendo de la furgoneta bomba que explotó en Barajas, se ha propagado de manera ensordecedora entre los representantes políticos. Incluso los nombres de los dos seres humanos que yacieron durante días bajo los escombros del aeropuerto madrileño y cuyos restos mortales fueron luego repatriados en parca y fría ceremonia -Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio- han caído en el olvido por efecto de la muy poco edificante trifulca política generada desde el mismo día del atentado. Entre tanto griterío, ni los amigos y compatriotas de las víctimas podrán sentirse arropados, ni los autores del atentado se verán directamente interpelados, ni la sociedad podrá recobrar el ánimo y la confianza que ha perdido por la controversia pero que sigue necesitando más que nunca en estos delicados momentos.

En el caso de la manifestación de esta tarde en Bilbao, el error inicial que el lehendakari y sus socios del gobierno tripartito demostraron al convocarla ha pasado ya a segundo plano, tras ceder el paso a la preocupación por las consecuencias que pueda tener en el desarrollo de la marcha. Cuando menos, la grave distorsión que habría provocado la presencia de Batasuna, cuando sus dirigentes no han sido capaces de desmarcarse del brutal atentado cometido por ETA, ha quedado evitada gracias al cambio del lema original. El anuncio de su ausencia no debe, sin embargo, impedir que se saquen las conclusiones oportunas de lo que ha ocurrido estos días. La principal de ellas es que la ambigüedad, en momentos en que la ciudadanía demanda liderazgos claros y firmes, sólo sirve para sembrar desorientación y desconcierto. De momento, y con vistas a la movilización ciudadana de esta tarde, convendría que los asistentes hagan el máximo esfuerzo por evitar imágenes de división y agrupamiento por afinidades políticas. Y que tengan presente que son muchos los ciudadanos que han decidido no secundarla, pero están radicalmente en contra de ETA y de que puedan articularse fórmulas para acabar con el terrorismo que supongan concesiones políticas a las pretensiones de la organización terrorista. No es hora de evidenciar, ni en la calle ni fuera de ella, las discrepancias que han dividido a los partidos políticos; sino, por el contrario, de hacer visible la unidad que, por encima de legítimas adscripciones partidarias, mantiene cohesionados a los ciudadanos frente a la amenaza del terrorismo. La ciudadanía está llamada a impartir a los líderes políticos la lección que no ha recibido de ellos; que cuando se trata de enfrentarse al terrorismo la única estrategia decente y eficaz pasa por la unidad de todos los demócratas en favor de una convivencia social libre y civilizada. Su importancia ha quedado más de manifiesto que nunca precisamente por el empeño que han puesto hasta última hora quienes amparan el terrorismo de ETA en dinamitarla con sus cínicos amagos de participación en la marcha.

El problema particular que se ha planteado en la manifestación de Bilbao a causa de la temida participación de Batasuna ha hecho pasar desapercibida la negativa a participar en ella del Partido Popular. Una ausencia que los convocantes no deberían continuar tratando como algo que se da por descontado, ni los populares convertir en una suerte de incompatibilidad perpetua con los asistentes, sobre todo cuando el eslogan finalmente acuñado para esta manifestación contempla explícitamente la exigencia a ETA de poner fin a la violencia. No ha ocurrido lo mismo en la de Madrid. Allí, tras la adaptación de los lemas a sus iniciales demandas, los populares no han tenido más remedio que dejar claro que su renuencia a asistir a la marcha no se justificaba por las palabras contenidas en la pancarta, sino que respondía a sus desavenencias con el Gobierno que, incomprensiblemente, han trasladado a una convocatoria realizada por diversas organizaciones sociales. Resulta difícil no ver en esta decisión evidentes intereses de carácter partidario. El Partido Popular ha preferido, en circunstancias tan sensibles y delicadas como las presentes, el distanciamiento a la unidad. Con él, los populares se han alejado, no ya, como sin duda pretendían, de los organizadores de la manifestación y del Gobierno, sino de una inmensa mayoría ciudadana que hubiera deseado que estuviesen entre los presentes. Mejor hubiese sido si hubieran imitado en Madrid lo que sus socios políticos de UPN han hecho en Pamplona: sumarse, sin la más mínima reticencia, a una manifestación que, promovida también por asociaciones de ecuatorianos, discurrirá esta tarde por las calles navarras bajo el lema menos comprometido de 'Por la paz, contra la violencia'.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo

Canales RSS