Sábado, 13 de enero de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Cartas
Contra la vuelta del terror de ETA
Llegó lo que más temíamos. Volvió el coche bomba a nuestras vidas y, con él, el miedo, el terror y las víctimas. Hay muchas responsabilidades en el temido y esperado fracaso de este proceso de paz. A mí me enseñaron que, en ética, decir que «todos somos responsables de todo», es no decir nada; más aún, es manipular la realidad para encubrir a los más irresponsables.

Los más irresponsables en este proceso de paz son ETA y la gente que los representa políticamente; y que les apoya, disculpa, explica o comprende. Hace mucho tiempo que lo tengo más claro que el agua. Si alguien no puede entender que cada ciudadano vasco tiene, ¿es!, una opinión y un voto igual de valiosos, ese ciudadano no sabe vivir en democracia. Aunque lleve una vida con apariencia de tal, no sabe vivir en democracia. Otros, más racistas que él, tomarán las armas en su nombre y se cargarán a sus adversarios políticos. Éste es nuestro problema principal; por él, la normalización está costando tanto. Luego vienen las disculpas. Algunas, legítimas, que tienen que ver con una justicia más punitiva que recuperadora. Pero, todas ellas injustas cuando se utilizan para desarrollar posiciones políticas totalitarias, con la forma de comando y coche bomba, o con la forma de silencio ante la violencia, mientras mi causa, mi posición social, mi territorio, mi cultura y mi aspiración nacional, vayan salvándose o se fortalezcan. Seguramente no deberíamos escribir cuando estamos indignados, pero éticamente, o somos capaces de competir por lo que creemos nuestro, desde la no violencia, o nos convertimos en lobos disfrazados de corderos. Pero, así, no somos ciudadanos vascos dignos de confianza, ni en ETA, ni en sus alrededores.

 
Vocento

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