Sábado, 13 de enero de 2007
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TOLOSA ANIVERSARIO
Un comercio de 120 años
Es, sin duda, uno de los más antiguos de Gipuzkoa, regentado por cinco generaciones de la familia Longarón y siempre en la calle Mayor
Un comercio de 120 años
Tres generaciones de Longarón, Antonio y su mujer Margarita; su nieta, Isabel y su hijo Antxon. [KLISK]
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TOLOSA. DV. En estos tiempos que corren para el pequeño comerciante, en Tolosa uno de sus comercios ha cumplido recientemente los 120 años. Posiblemente es uno de los más antiguos de Gipuzkoa y presume de haber tenido al frente cinco generaciones de Longarón.

En el año 1860 vinieron a Tolosa, desde una aldea del Valle del Pas, en Santander, la niña Eduvigis Blanco y su madre viuda. Ellas, como muchos otros pasiegos, se dedicaron a la venta ambulante por los pueblos de Gipuzkoa. Recorrían numerosas localidades vascas con el carro y el caballo, y en cada pueblo además de vender para subsistir, recogían anécdotas y noticias de aquella sociedad guipuzcoana de finales del XIX.

La villa de Tolosa mantenía un 'status' importante. Durante aquellos 20 últimos años, el capital de las fábricas papeleras guipuzcoanas se triplicó y el sector textil también se expansionó, por lo que era un buen punto comercial.

Eduvigis Blanco, en 1886, se casó con Antonio Longarón Ferrando, quien fue a hacer la mili a Donostia, procedente de un pueblo de Zaragoza, «y posiblemente de origen italiano», indican sus descendientes. En ese mismo año, 1886, el matrimonio crea el nombre comercial de 'Confecciones Longarón', y continúa con el carro y el caballo vendiendo en las ferias de los pueblos, durante diez años más.

Del carro a la calle Mayor

En el año 1896, se sitúan en un local comercial, sito en la calle Mayor, 24, que en la actualidad continúa funcionando igual que lo dejaron sus antecesores. En esos primeros años de actividad comercial en el local, los tolosarras lo conocerán por Pasiego Denda (en alusión a la tienda de los pasiegos). En la calle Mayor nació el hijo de ambos, Constantino Galo Longarón Blanco, carnavalero y uno de los fundadores de la Piña Raku, que, según cuenta la familia Longarón, debió su nombre a un famoso luchador japonés llamado 'Raku', que tenía «un gran dominio del entonces desconocido Jiu-Jitsu y era famoso por derrotar a los mejores morroskos luchadores vascos», aseguran.

Constantino Galo dejó pronto el seminario en el que le metió su padre y se casó con Benita Arratibel, quien era natural de Ataun. Juntos siguieron con el negocio familiar, dedicado fundamentalmente a la venta de ropa masculina de trabajo. Constantino Galo, hombre de inquietudes diversas, era carnavalero y también gran aficionado a torear en carnavales en el coso tolosarra. «Era también directivo de una escuela de ciclismo y miembro del 'Fomento Industrial y Comercial de Tolosa'», afirma su hijo Antonio Longarón Arratibel.

Gran aficionado a la pelota, Antonio Longarón Arratibel fue federativo de la Guipuzcoana de Pelota Vasca y cronista de pelota y de toros durante años en EL DIARIO VASCO. Casado con Margarita Galarza, de Segura, ambos siguieron manteniendo el negocio familiar, fortaleciendo y cuidando su clientela.

En todo este tiempo al frente de la tienda hay una fecha que está presente en su mente, «difícil de olvidar para mí y para muchos comerciantes que vivimos aquello. Recuerdo que era un miércoles, 15 de octubre de 1953. Aquel día conocimos el poder y la fuerza del agua», dice.

La riada del 53 desbordó Tolosa. Antonio recuerda que nunca antes había salido el agua del puente y aquella vez sí salió. En su comercio, la altura del agua llegó hasta casi los dos metros (1'70). «Txomin Barrio, del Bar Cielo Grande, me advirtió de que el nivel del agua estaba subiendo y, de madrugada, mi familia y yo bajamos a la tienda para recoger y salvar el género. Fue todo muy rápido y aquella noche vimos que la calle fue un río», relata Longarón, quien ha permanecido en la tienda hasta su jubilación.

Ahora regenta el comercio Antxon Longarón, el segundo de sus cuatro hijos y quinta generación de esta saga de comerciantes. «Por la tienda han pasado en los últimos años personajes muy populares -dice Antxoni- incluso el Dalai Lama, que vino a San Sebastián y curiosamente visitó la villa y entró en la tienda. Recuerdo que le vendí una chaqueta granate».

Un comercio, sin duda, con mucha historia y anécdotas.

 
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