Los unos por los otros, y la casa sin barrer. El problema que sufrimos por culpa del terrorismo en el País Vasco es cuestión del dichoso orgullo. Ninguna de las dos partes quiere ceder terreno, y así es imposible llegar a un acuerdo que nos permita a todos los ciudadanos vivir en paz. Los asesinos de E.T.A. y sus cómplices, no piensan dejar de matar si no se declara al País Vasco independiente, y la clase política, no piensa ceder en absoluto en ninguna de las peticiones de la llamada izquierda abertzale. Esto es un diálogo de besugos, con condiciones impuestas por ambas partes desde un principio, y así no se puede uno sentar a negociar. Por un lado, esa obsesión de algunos por declarar al País Vasco independiente, es simplemente una cuestión de orgullo y un absurdo total en pleno siglo XXI. Hoy en día, tendemos a una Europa unida sin fronteras. Necesitamos los unos de los otros sin tener en cuenta la nacionalidad de sus miembros. ¿Por qué entonces ese empeño ciego en declararnos independientes? Lo dicho, cuestión de orgullo. El ser vasco se lleva en la sangre, y no hace falta que nos declaren independientes para sentirnos más o menos vascos, ni para mantener nuestra cultura intacta. Nuestro gobierno y todos nuestros políticos deberían centrarse en conseguir más autogobierno, mayor calidad de vida para sus ciudadanos, etc. y para esto no necesitan la dichosa independencia. Por otro lado, el gobierno español debería respetar un derecho fundamental como es el del acercamiento de los presos vascos a sus lugares de origen. ¿Qué tiene de malo? Por supuesto que deben pagar con la cárcel por los horrores que han desatado en nuestra sociedad, cumpliendo íntegramente sus condenas, pero sus familiares no tienen la culpa. El trasladarles no significa liberarles, ni mucho menos.
Resumiendo, todos quieren ganar, y ceder no significa perder, sino negociar. Mi esperanza radica en que nuestros hijos terminen con esta sociedad orgullosa, rencorosa y cabezota.