Ovolver, que es lo mismo. Pero si decimos regresar resulta más elegante. O más pedante, no estoy segura. Un literato jamás diría volver, sino regresar. En los concursos literarios siempre hay varias obras que se titulan El regreso. Se creerán que han descubierto la pólvora. No es por desprestigiar a los literatos, pero para cuando ellos van, nosotros ya estamos regresando. O volviendo, que es gerundio. Hechos unos zorros, eso sí. Aunque tampoco vamos a especificar, no es el caso. El caso es que siempre regresamos al punto de partida. Será porque en el punto de llegada no hemos estado todo lo bien que pensábamos estar. De lo contrario nos quedaríamos allí. ¿Por qué siempre tenemos que volver o regresar a alguna parte?
Hoy regresamos del largo sueño navideño. Lo malo es despertar en el 2007, número mágico por excelencia para descubrir por qué impronunciable lugar se pasa la magia la revista Hola. Isabel Preysler y Paloma Cuevas han vuelto a ser elegidas las mujeres más elegantes del año. Entre las más influyentes del 2006 figuran Ségólène Royal, Angela Merkel, Esperanza Aguirre y tres o cuatro topicazos más políticamente correctos. Es un asco. Regrese usted a la realidad para esto. Qué tedio, Señor. Menos mal que siempre nos quedará París. Paris Hilton -quiero decir- y Britney Spears que han prometido guardar un año y seis meses de abstinencia sexual, respectivamente, y van a poner el toque de emoción en nuestra aburrida y repetitiva existencia. No sé qué haríamos sin ellas.