Domingo, 7 de enero de 2007
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El Gobierno cree que ETA incumple el método pactado con 'Ternera' para salvar el proceso
El Ejecutivo considera que se ha producido un cambio en la relación de fuerzas de la dirección etarra y que ésta es ya diferente a la que avaló el alto el fuego. El diálogo oficial hubiera arrancado con un acercamiento de presos en febrero.
El Gobierno cree que ETA incumple el método pactado con 'Ternera' para salvar el proceso
Bomberos trasladan el cadáver del ecuatoriano Diego Armando Estacio, ayer en Barajas. [PEDRO ARMESTRE/AFP]
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SAN SEBASTIÁN. DV. Con el último atentado en Barajas la dirección de ETA ha incumplido los mecanismos que Josu Ternera había acordado con emisarios del Gobierno para superar las crisis, los accidentes y posibles suspensiones del proceso de paz. El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero y la mayoría de los partidos vascos están persuadidos de que el trasfondo de este dato es que la actual dirección de ETA es diferente a la que acordó en marzo del pasado año la declaración del alto el fuego permanente. Este cambio en la relación interna de fuerzas es una de las razones que explicaría el endurecimiento de posiciones en la izquierda abertzale en los últimos meses.

Medios solventes próximos al diálogo desarrollado en los últimos meses encuadran el último atentado en el marco de una ETA en la que, de nuevo, los sectores más duros e inflexibles han vuelto a ganar la batalla interna, una de sus constantes históricas. Uno de los motivos de este giro en la estrategia de ETA obedece a un cuestionamiento previsible del papel de Josu Urrutikoetxea, Josu Ternera, en las negociaciones, si bien a las mismas él no ha ido nunca como dirigente de la organización terrorista sino como interlocutor. Además, hay que tener en cuenta que ya en los prolegómenos de la declaración del alto el fuego Josu Ternera tuvo problemas para convencer a sus compañeros de la ejecutiva de ETA de la conveniencia de un movimiento estratégico de esta naturaleza. Los recelos de una parte de esta dirección a esta declaración explican el retraso con el que llegó la tregua y también permiten conocer que al final fue posible porque Ternera y su entorno más próximo forzaron los movimientos internos.

Los medios que conocen los entresijos del proceso de paz se muestran sobre todo sorprendidos por la falta de un comunicado previo en el que ETA anunciara sus intenciones. Incluso atribuyen esta insólita ausencia a las fuertes tensiones internas que atraviesan a la izquierda abertzale, pero que no enfrentan a Batasuna con ETA sino que son transversales, es decir, que hacen que el pulso entre pragmáticos y radicales se dé a la vez en ETA y en el seno de Batasuna. La ausencia de una explicitación previa de la ruptura llevó al mismo Gobierno a pensar en un primer momento que el atentado de Barajas podría ser obra de un sector disidente de ETA, hipótesis que abandonó con rapidez.

La cita de Ankara

El último encuentro celebrado en diciembre en la capital de Turquía, Ankara, sirvió para constatar las profundas diferencias que separaban a los representantes del Gobierno y de ETA, y para poner sobre la mesa un listado mutuo de agravios y reproches por incumplimientos del pasado. La delegación del Gobierno español -integrada por emisarios del Partido Socialista de Euskadi- no sacó de la reunión la conclusión de que ETA había decidido ya una ruptura del alto el fuego, pero tampoco de que las cosas se habían enderezado ya que persistían profundas desconfianzas sobre el rumbo de los acontecimientos. De hecho, la tesis que contemplaban es que era posible que los sectores de ETA más reticentes al proceso pretendieran condicionarlo con un mayor acento en la presión.

Círculos próximos a la negociación sostienen que, con el atentado del pasado sábado, ETA ni siquiera ha respetado los mecanismos teóricamente estipulados para un eventual escenario de una ruptura del alto el fuego, o para las hipótesis de incidentes o accidentes en el mismo, y en el que también hubieran jugado un papel los intermediarios internacionales del instituto suizo Henri Dunant que han permitido que entre el Gobierno y la organización terrorista no se haya perdido en ningún momento un hilo de comunicación. Estos mecanismos estaban establecidos en esencia para el caso de que el proceso de paz como tal hubiera comenzado de forma oficial, un supuesto que no se ha dado. Hay que tener en cuenta, además, que en las conversaciones preliminares al alto el fuego entre emisarios del Gobierno y ETA se acordó la puesta en marcha de una comisión que se reuniera cada vez que surgieran crisis. El citado comité nunca se puso en funcionamiento.

Paradójicamente, los efectos del atentado de Madrid se van a hacer sentir también en el sensible mundo de las cárceles. El Gobierno contemplaba para febrero un primer acercamiento de presos de ETA, en el contexto de los primeros frutos del diálogo entre emisarios del Ejecutivo y de la propia organización terrorista.

Los medios más implicados en el proceso reconocen que el Gobierno ya no tiene margen para abrir un proceso de paz si por parte de ETA no se produce un movimiento serio y creíble de abandono definitivo de las armas, una hipótesis de «voluntad inequívoca» que es vista con escepticismo, al menos a corto plazo.

En cualquier caso, los ámbitos más próximos al proceso sostienen que esta radicalización en las posiciones de la izquierda abertzale pudo percibirse ya en el mismo mes de julio en una primera reunión entre tres representantes de ETA y otros tres del Ejecutivo español que puso de relieve un fuerte choque en las posiciones. El encuentro comenzó a evidenciar que ETA interpretaba el proceso de paz como un proceso de contenidos políticos. En esa reunión, prevista en principio para perfilar la metodología de un futuro proceso, Josu Ternera ya no tenía la voz cantante.

Durante el verano se produce también un repliegue de posiciones en el seno de la izquierda abertzale, particularmente intenso en las asambleas que celebra Batasuna y que echan para atrás sus pretensiones iniciales para presentar unos nuevos estatutos que permitieran la legalización de esta opción política de cara a las próximas elecciones municipales. El mismo portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, se ve cuestionado en algunas asambleas por sectores que le reprochan no haber logrado avances durante los últimos tiempos y haber permitido socializar la imagen de una «rendición» de la izquierda abertzale basada en un final previo de la violencia.

El carril político

Otro dato que explica este endurecimiento del mundo radical es la valoración que recibe la declaración efectuada por el presidente Zapatero a finales de junio del año pasado. Un mensaje -en el que el presidente hablaba de respetar la libre decisión de los vascos de acuerdo con los procedimientos legales y democráticos- que fue inicialmente acogido de forma muy satisfactoria por dirigentes de Batasuna pero que después del verano recibió un varapalo en uno de los comunicados de ETA, que criticaba la imposición de límites legales al reconocimiento del derecho de autodeterminación. Además, se sabe que la valoración inicial de Batasuna, favorable, no era ajena en absoluto al encaje que había tenido inicialmente en ETA la misma declaración de Zapatero.

En vista de que el proceso técnico entre el Gobierno y ETA no termina de arrancar, la izquierda abertzale pone en marcha de una forma apresurada el canal político, que apenas había sido trabajado en las conversaciones preliminares del alto el fuego. Dirigentes del PNV, del PSE y de Batasuna, de forma bilateral y trilateral, mantienen contactos desde el mes de septiembre en busca de un preacuerdo que fije las bases de una futura mesa de partidos. La apertura de esta vía, en principio secreta, sirve para frenar el malestar que se detecta en la izquierda abertzale y contribuye a aproximar posiciones entre los partidos sobre aspectos de gran calado simbólico y doctrinal como el reconocimiento nacional de Euskadi, la existencia de Euskal Herria, el reconocimiento de la capacidad de decisión, y su desarrollo en un sistema democrático de mayorías.

Cuando este diálogo había permitido un notable acercamiento, Batasuna introduce a última hora varias propuestas que de nuevo elevan notablemente el listón de las exigencias en relación con el espinoso capítulo de la territorialidad. Así, proponen que un eventual órgano de cooperación permanente entre la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra tuviera facultades legislativas y piden un compromiso para que, en un plazo de dos años tras su establecimiento, se elaborase un proyecto de nuevo Estatuto Nacional de Autonomía para ambas comunidades autónomas.

Tanto el PNV como el PSE consideran inasumibles las pretensiones de Batasuna. Este rechazo lleva a esta formación a explicar que tiene que consultar su estrategia con sus bases y a criticar la falta de compromisos de los socialistas y jeltzales.

 
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