SAN SEBASTIÁN. DV. La noche más mágica del año, la del 6 de enero, se convirtió en pesadilla para el medio centenar de vecinos de la calle Jokin Zaitegi de Arrasate que se vieron obligados a desalojar sus casas tras el ataque perpetrado contra una sucursal bancaria de La Caixa, situada en la trasera de dicha calle, en la avenida Garibai.
Eran las 00.30 horas de la madrugada de ayer cuando desconocidos lanzaron contra la entidad un artefacto incendiario de fabricación casera y compuesto por aerosoles y gasolina, según informó la Ertzaintza.
El incendio que se originó dejó totalmente calcinado el interior de la oficina bancaria, rompió los cristales del portal número 4 y se extendió por las escaleras del bloque de viviendas. Las llamas apenas afectaron, según parece, al interior de los pisos superiores, aunque ennegrecieron buena parte de la fachada de las conocidas como 'casas de Roneo'. La intensa humareda obligó a desalojar a los vecinos de dicho portal, el más afectado, y del 3 y del 5. Todos sus vecinos pasaron la noche en tres hoteles de Arrasate y Eskoriatza.
Las carreras, los gritos y el susto que vivieron los afectados por este ataque, el más grave ocurrido en los últimos meses, se transformaron en pesar y asombro por la mañana, cuando muchos de ellos se acercaron hasta sus casas para comprobar el estado en el que se encontraban e intentar acceder a ellas para recoger algunas de sus pertenencias.
Allí, desde primera hora, trabajaban los equipos de bomberos y policías para retirar los escombros del interior de la sucursal bancaria y comprobar los importantes daños que las llamas causaron en el edificio. Los peritos descartaron daños estructurales en el inmueble, aunque aseguraron que existían graves desperfectos en algunas instalaciones como la de gas, agua o saneamiento, que impedirá a los vecinos del portal número 4 volver a sus casas hasta pasados unos días o incluso una semana.
El alcalde de la localidad, Ignacio Lakunza, que se acercó hasta el edificio para comprobar in situ los graves daños, señaló que «el intenso calor del fuego ha fundido las conducciones, que están por el exterior», por lo tanto, hasta que no sean reemplazadas esas tuberías los vecinos, cuyas viviendas se sitúan encima de la sucursal, no podrán regresar.
El resto de las alrededor de 45 familias afectadas pudo regresar ayer a sus casas a primera hora de la tarde después de una aciaga noche de Reyes en casas de familiares y en las habitaciones de los hoteles Mondragón -donde se alojó la mayoría-, Arrasate y Mendigoia. En el primero de ellos, la mañana fue de caras largas y de silencios, aseguraba una de sus trabajadoras: «Lo único que decían es que menudo regalo de Reyes han tenido».
«Demencia»
«Un regalo delicioso», añadía con ironía Lakunza, quien aseguró que «un acto así no se puede valorar, son cosas que con mirarlas se explican por sí solas. Es producto de la demencia».
El alcalde de Arrasate, que como sus convecinos tampoco olvidará fácilmente este triste día de Reyes, indicó que «esto no es una cosa de un cóctel molotov o un petardo casero, es algo mucho más serio». «Basta con ver -añadió- cómo ha quedado la sucursal, que literalmente ha desaparecido».
Lakunza agradeció a los vecinos, que le contaron personalmente cómo vivieron el ataque, su paciencia y su «perfecto comportamiento» en una situación tan desagradable, y consideró «bastante inexplicable que a estas alturas de la vida andemos con estas cosas».