Domingo, 7 de enero de 2007
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Politica
Un callejón sin salida
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LA enorme desazón que ha provocado el último atentado de ETA muestra hasta qué punto se ha malogrado de nuevo una gran oportunidad para encauzar de una vez por todas una salida al problema del terrorismo. La sensación de frustración se acrecienta, aunque a la vez es constatable que los ciclos se acortan de cara al futuro. Es previsible que los sectores más recalcitrantes de ETA querían enviar un aviso para navegantes para forzar y presionar al Gobierno. Pero el resultado de dos muertos tras el brutal atentado de Barajas cambia drásticamente el panorama y rompe objetivamente el proceso. ETA ha tensado tanto la cuerda que al final la ha roto. Es posible que ni siquiera sea del todo consciente del callejón sin salida en el que se ha metido ni de los catastróficos efectos colaterales de esta nueva decepcionante situación.

No es que desaparezca para siempre la posibilidad de un final dialogado, pero es evidente que no hay todavía madurez en el mundo de la izquierda abertzale y que la sociedad será, de nuevo, más exigente en pedir en un futuro un compromiso claro de ese mundo por jugar sólo en el territorio de la democracia y por abandonar definitivamente la violencia y cualquier forma de presión. Este Gobierno apostó por un escenario de diálogo que la involución de la izquierda abertzale ha arruinado de forma prematura, lo que tendrá también consecuencias en su propio mundo, ya que se vuelve a situar fuera del escenario de la política democrática normalizada.

Mientras ese proceso de madurez no se produzca -y en gran medida tendrá que venir de su propia reflexión interna- las ofertas que puedan lanzarse desde el entorno radical serán recursos de consumo interno o maniobras de confusión dirigidas a dividir a los partidos políticos y a buscar contradicciones entre nacionalistas y no nacionalistas.

La situación coloca la carga de la prueba en el seno de la izquierda abertzale, acostumbrada al cierre de filas para tapar sus tensiones internas y que tendrá la tentación de una huida hacia adelante para esquivar sus propias responsabilidades, mirando siempre a las de los demás. Pero las discrepancias tendrán que aflorar con el tiempo si existe un mínimo atisbo de inteligencia política en ese mundo más allá del juego fácil de las consignas y las soflamas propagandísticas.

ETA ha dinamitado la expectativa de una izquierda abertzale haciendo política y si los políticos, en ese mundo, no dan la batalla, se van sencillamente al suicidio o a la inmolación. Ellos tienen la palabra para evitarlo. Lo que no pueden pretender es humillar a la mayoría de la sociedad en busca de una salida al túnel en el que ellos mismos se han metido.Son ellos, pues, los que tienen que salir.

 
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