Sigo protestando contra el canon a las sociedades de gestión de derechos de autor porque por mi profesión genero cientos de grabaciones en CD y DVD para mis clientes al cabo del año y sólo con derechos míos y de nadie más, y jamás consigo que me devuelvan ni un solo céntimo porque, según la SGAE: «El canon se sabe como se recauda pero no como se devuelve». Pues bien, se han ido cumpliendo ciertas cosas que se predijeron en su momento: las fábricas de consumibles españolas cerraron, y las Entidades de Gestión han pasado a recaudar un chorro de dinero por semejante privilegio legal. Ahora, como no se han puesto de acuerdo los fabricantes y las Entidades de Gestión el Estado deberá hacer cumplir el bodrio de Ley que aprobaron en su momento diciendo qué artilugios llevarán canon.
Pero ya no estoy dispuesto a pasar ni un sólo día más en silencio y voy al asunto que me ocupa. El otro día me atendieron en el Hospital de Aranzazu y me pusieron un aparato que se llama holter. Este es una grabadora para controlar los latidos de mi corazón durante 24 horas y saber cómo funciona. Pues bien. ¿Saben que mi sangre les ha generado derechos a la SGAE y sus asociados? ¿Esto es el colmo! Pocas veces como ésta podré decir que alguien chupa de mi sangre de modo tan impune. Enhorabuena señores de las entidades de gestión, y señores políticos. Han rizado el rizo. Sigan así y al final montarán una especie de KGB/Gestapo mental con ayuda, eso sí, de nuestro sistema legal para saber si estamos pensando o tarareando una canción por lo bajinis y cobrárnoslo, claro. ¿Uy! perdón por darles ideas.