Martes, 12 de diciembre de 2006
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ARRASATE-MONDRAGÓN
Los alumnos de Arizmendi y Txantxiku regresan satisfechos del Sahara
125 estudiantes han pasado una semana en los campamentos de Tindouf Además de ayudar, han conocido de cerca la precariedad del pueblo saharaui
Los alumnos de Arizmendi y Txantxiku regresan satisfechos del Sahara
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MATERIAL SAHARA

Ollas express: 200 unidades.

Material escolar: 400 kilos de lápices, cuadernos, gomas, reglas, libros, pinturas y demás material para la escuela.

Medicamentos: Una carga de medicinas valorada en 3.000 euros.

Ordenadores: 4 ordenadores y un portátil.

Ropa: 200 kilos.

Caramelos: 50 kilos.

Juguetes: 100 kilos.

Placas solares: 1 unidad.

Generador de luz: 1 unidad.

Linternas: Más de 1.000 unidades.

Pilas: Más de 1.000 unidades.

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ARRASATE. DV. Pasar una semana entera durmiendo en haimas, sin la posibilidad de darte una ducha de agua caliente o disponer de un baño en condiciones, sin rastro de cobertura en el móvil ni señal de televisión, no es a primera vista una opción demasiado atrayente para un grupo de alumnos de DBH que se dispone a hacer su viaje de estudios. Sin embargo, la experiencia ha resultado ser una aventura inolvidable para los 125 jóvenes de Arizmendi y Txantxiku, que el sábado aterrizaron en el aeropuerto de Loiu tras haber pasado siete días en los campamentos de refugiados de Tindouf (Sahara).

«Ha sido un viaje muy positivo, tanto por la ayuda que hemos ofrecido a la gente del territorio saharaui como por el enriquecimiento personal que nos ha aportado la vivencia», señala Agurne Juldain, componente de Nubi que viajó junto al grupo a Tindoufe. Una aventura que entre otras cosas, ha servido para llevar a los campamentos toneladas de material escolar, medicamentos, utensilios de cocina y demás artículos de ayuda para combatir la precariedad de condiciones del pueblo saharaui, algo que los alumnos han podido comprobar en primera persona, ya que todos ellos se han alojado durante su estancia en las haimas de 30 familias saharauis.

Ayuda prestada

Después de dos años trabajando en el proyecto 'Ikastolatik saharara', el grupo ha cubierto satisfactoriamente todas sus expectativas en el país. «Pintamos una escuela en Olof Palme, además de llevar numeroso material que hemos puesto a disposición de los servicios municipales para que ellos lo distribuyan en los sitios más necesitados. Para los pocos medios que se pueden encontrar en un campamento de refugiados, hemos hecho todo lo que teníamos previsto, sobre todo a través de mucho trabajo y organización», explica Agurne Juldain. Al margen de las labores solidarias, los alumnos tuvieron la ocasión de visitar numerosos lugares de interés como el Museo de Guerra, el Hospital Central de Rabuni y algunos colegios y guarderías de la zona.

«Apreciar las cosas»

Más que una experiencia de voluntariado, el viaje ha resultado ser toda una lección para los alumnos debagoiendarras, que han quedado impactados con las circunstancias en las que muchas personas saharauis tienen que hacer frente al día a día: «Nada más llegar allí, el grupo se sorprendió al ver como a las 8.00 de la tarde, cuando el sol desaparece y empieza a hacer verdaderamente frío, los niños tienen que andar completamente descalzos por las calles», explica la componente de Nubi.

Las pocas posibilidades de higiene de los campamentos fueron otro de los aspectos que más llamó la atención al grupo de estudiantes: «no había servicios y teníamos que hacer nuestras necesidades en letrinas, donde el olor era muy fuerte. No teníamos duchas y para asearnos utilizábamos agua calentada en cazos», afirma Juldain.

Los cambios de temperatura también supusieron un trastorno para el grupo, que acostumbrado al clima oceánico, tuvo que sufrir los rigores climáticos del desierto, con calurosas temperaturas por el día y «noches en las que el frío te cala hasta los huesos», tal y como afirma Juldain. Para la componente de la ONG, la experiencia ha servido para que los alumnos se dieran cuenta de lo afortunados que han llegado a ser al nacer en una parte del mundo en la que no tienen que pasar ni hambre ni frío», señala.

Noche en las dunas

A pesar de no contar con grandes comodidades, el grupo ha disfrutado al máximo de su estancia en Tindouf. «Hubo una noche en la que dormimos en las dunas, montamos una haima de las que se suelen utilizar para celebrar bodas e hicimos una gran fiesta, preparamos pinchos de carne de cordero, organizamos carreras de sacos... lo pasamos en grande», explica la cooperante de Nubi.

Finalizado el viaje y con la satisfacción que da el haber ayudado a personas necesitadas, muchos de los alumnos que han participado en el viaje no dudan en afirmar que volverían ahora mismo a pasar una semana más a Tindouf.

 
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