Martes, 21 de noviembre de 2006
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abusos a menores
Víctimas de abusos crean una asociación de ayuda en Gipuzkoa
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ENTIDADES DE AYUDA
Gipuzkoa: Gasje. Gipuzkoako Abusu Sexualak Jasandakoen Elkartea. De momento no tienen sede fija, pero se reúnen en el CRAJ. Paseo de Anoeta, 28, de Donostia. 900 110112.

Vizcaya: Avasi. Asociación Ayuda a las Víctimas de Abusos Sexuales en la Infancia. 619025580. www.avasibilbao.org

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SAN SEBASTIÁN. DV. Los datos son demoledores. En España, el 23% de las niñas y el 15% de los niños están sometidos a algún tipo de abuso sexual, según las estadísticas de Félix López Sánchez, catedrático de Psicología de la Sexualidad en la Universidad de Salamanca. Esta realidad tampoco escapa a Gipuzkoa. Aquí, un grupo de víctimas de abusos sexuales y de familiares de estos ha creado la asociación Gipuzkoako Abusu Sexualak Jasandakoen Elkartea (Gasje) con el objetivo de sensibilizar a la población y prestar apoyo a los afectados. «Está abierta a todo el mundo porque, si nos fijamos en las estadísticas, es raro que no se conozca a alguien que la haya sufrido», afirma Ainhoa, andoaindarra de 34 años, una de las fundadoras del colectivo.

Según los datos que manejan en la asociación, el 70% de los abusos tienen lugar en el entorno familiar, aunque también se pueden dar en lugares como el colegio. En los casos más graves, «son personas que durante muchos años son violadas por un familiar o alguien muy cercano: el padre, un hermano, el padrino, un amigo de la familia... Hay abusos que empiezan a los tres años y terminan a los catorce», afirma Soledad Ramírez, miembro de la asociación y familiar de una persona que sufrió abusos en la infancia.

En la mayoría de los casos, el agresor es un hombre. «El abusador lo planea. Sabe de quién tiene que abusar. No se va a fijar en un niño rebelde. Intenta caer bien a la familia para poder acercarse al niño, luego se gana su confianza e intenta hacerlo de forma cautelosa para que el niño no se cierre. Le hace creer que es alguien especial para él y lo aísla de los demás. Luego empiezan los engaños, las amenazas, el 'no se lo digas a tu madre que te pego'...», añade Ainhoa.

Un niño que sufre abusos sexuales tiende a «aislarse, se arrincona, se vuelve inseguro, solitario e introvertido». Pasado el tiempo, ya de adulto, en muchos casos sufre «una amnesia» involuntaria que le lleva a olvidar todo aquello. «Cuando se ha sido violado a los tres años, uno puede no acordarse de mayor. Tiene que pasar algo para que eso explote, un detonante, una depresión, que le haga recordar a alguien que fue abusado o que un psicólogo lo descubra», afirma Soledad Ramírez.

Secuelas

Las secuelas de este tipo de abusos son «impresionantes». Desde miedos nocturnos, dormir en posición fetal, no poderse acercar a los niños, problemas sexuales, intentos de suicidio... Y hay gente que «lo ha descubierto con más de cuarenta años. Es un trauma muy duro».

El momento de desvelar lo que había sido un secreto también genera crisis. «Se actúa siempre igual. Cuando la víctima lo cuenta, la familia reacciona diciendo que no es verdad. Dan la espalda porque es mejor que se resquebraje una parte de la familia que eres tú a que se resquebraje toda la familia. Incluso, aunque la madre haya visto en un momento determinado al padre abusando, y lo sabe, lo calla y sigue apoyando al agresor», añade.

 
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