SAN SEBASTIÁN. DV. ¿Ha sido siempre el desierto un inmenso e inhóspito territorio de arena, roca y viento? No. Entre los años 10.000 y 4.000 antes de Cristo, su paisaje no tenía nada que ver con el que conocemos porque se parecía al de la sabana africana. «Era una estepa de gramíneas salpicada de lagos, con batracios, cocodrilos e hipopótamos, rodeados de una masa vegetal de árboles que alimentaba a manadas de grandes vertebrados, desde elefantes a leones o jirafas».
Para llegar a esta conclusión, Andoni Sáenz de Buruaga (Vitoria, 1956) y un equipo de arqueólogos de la UPV entre los que se encuentran Aitor Ormazabal, Juan Carlos López Quintana, el miembro de la Asociación de Amigos de la RASD Xabier Errasti y expertos saharauis han estudiado durante tres años la región de Tiris, al sur del antiguo Sahara español, una comarca de unos 30.000 km2 actualmente 'liberada' por el Frente Polisario.
En este inhóspito lugar, Andoni y sus compañeros, con una encomienda especial del Ministerio de Cultura de la RASD y con subvención del Gobierno Vasco, han puesto en marcha un proyecto arqueológico de investigación sistemática. «El objetivo era doble. Ver la historia evolutiva de la región, absolutamente desconocida, y promover un plan de protección de los bienes del patrimonio saharaui».
'Hijos de las nubes'
Los beduinos, los llamados 'hijos de las nubes', habitantes actuales del desierto, han sido estudiados desde muchas disciplinas. Hasta Julio Caro Baroja dedicó una investigación antropológica a estas tribus trashumantes adaptadas a vivir en situaciones extremas. «Sin embargo, nunca se había llevado a cabo un estudio multidisciplinar que explique cuál ha sido la evolución social y cultural de esta zona de África y sus habitantes, por qué ha habido una densidad de población tan tremenda teniendo en cuenta el medio ambiente, la geografía, la etnografía o la arqueología».
En las tres campañas -esperan hacer más- que han efectuado los arqueólogos vascos se han hallado un centenar de yacimientos de un gran potencial, con una cronología que va desde hace 500.000 años al IV milenio antes de Cristo. Especialmente significativas son las tumbas prehistóricas de entre el VI y IV milenio, algunas de 20 metros de altura; un rico conjunto de hábitats neolíticos alrededor de lagos; materiales industriales paleolíticos ligados al pedernal; una prolija serie de grabados sobre suelo granítico con una docena de representaciones esquemáticas, entre los que se reconocen antílopes, cápridos e hipopótamos; una ilustrativa 'escena de caza de jirafa' «Hemos comprobado que el Tiris es una región exuberantemente rica en manifestaciones arqueológicas», subraya Sáenz de Buruaga.