Domingo, 15 de octubre de 2006
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Cultura
Puro Oteiza
El museo de Alzuza continúa la aventura de desvelar nuevas aristas del escultor. El último hallazgo son unos folios que podrían corresponder a una desconocida novela del creador
Puro Oteiza
El diálogo entre las piezas expuestas en el interior del museo y el exterior «juega con la luz buscando el recogimiento que proponía Oteiza», dice Pedro Manterola. [FOTOS: JOSE USOZ]
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LOS DATOS

El museo muesta ahora su colección permanente reordenada en orden cronológico para seguir la evolución artística del creador.

La exposición se completa con muestras temporales con materiales en muchos casos inéditos: ahora hay una exposición con medallas diseñadas por Oteiza finales de los 80 y en diciembre se inaugura una con dibujos.

Se acaba de publicar un volumen con toda la poesía de Oteiza, en edición crítica, y en los próximos meses verá la luz una edición crítica del Quosque Tandem.



EL MUSEO



El museo Oteiza está enclavado en el pueblo de Alzuza, en la cuenca de Pamplona.

El espacio puede visitarse de martes a viernes de diez de la mañana a tres de la tarde y los sábados, domingos y festivos de once de la mañana a siete de la tarde. Los lunes cierra.

La entrada general cuesta 4 euros. Los estudiantes y los jubilados y mayores de 65 años pagan 2 euros. Es gratuito para los menores de 12 años acompañados. Los viernes la entrada al museo es gratuita para todo el público.

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ALZUZA. DV. En conversaciones privadas Jorge Oteiza dejó entrever en su día que había escrito un borrador de novela. En algunas páginas del Quosque Tandem hay también referencias indirectas a esa hipotética novela. Pero recientemente los investigadores que bucean en los archivos del escultor en su casa-museo de Alzuza localizaron unas carpetas con unos folios que parecen corresponder a ese desconocido proyecto literario de Oteiza.

Es todo un descubrimiento del que los responsables del Museo Oteiza prefieren no hablar con amplitud hasta que avance la investigación. Y es otra muestra más de que los fondos de Oteiza siguen siendo una mina de la que pueden saler aún numerosos tesoros.

Esa faceta de investigación y descubrimiento de nuevas aristas de la obra de Oteiza es precisamente el aliento principal que quiere imprimir al museo de Alzuza su director desde hace dos años, Pedro Manterola, titular también de la cátedra Oteiza en la Universidad Pública de Navarra. El museo, inaugurado en mayo de 2003 en medio de la polémica suscitada entre los patronos de la Fundación destinada a gestionar el legado del escultor, ha entrado en una fase de calma institucional. Una de las primeras decisiones de Pedro Manterola al sustituir a Alberto Rosales, anterior director, fue reordenar los fondos expuestos a público y dar mayor coherencia a la muestra permanente.

Apóstoles en el centro

Eso se ha conseguido. El Museo Oteiza es ya puro Oteiza. Los apóstoles de Arantzazu vertebran la sala principal que recibe al visitante, que a partir de ahí puede recorrer toda la peripecia artístiva y humana desde los inicios hasta el final. Manuscritos y borradores del escultor acompañan a las obras expuestas.

El nuevo recorrido por el edificio diseñado por el arquitecto Sainz de Oiza de acuerdo con las ideas expresadas en su día por el creador permite adentrarse en el mundo de Oteiza con el recogimiento propio de quien visita un templo laico. «Oiza y Oteiza querían que el museo tuviera un aire de templo, dotado de una luz misteriosa que potenciara la actitud de recogimiento del visitante y potenciara el lado más metafísco de la obra del escutor», asegura Manterola.

El museo, encaramado en la altura de Alzuza, ha estabilizado su cifra de visitantes en torno a los 30.000 anuales. Un 55% de ellos procede de la misma Navarra, un 35% de la Comunidad Autónoma Vasca (con predominio de los guipuzcoanos) y el resto de otos lugares. Tanto Manterola como Juan Pablo Huércanos, subdirector del museo, reconocen que es difícil aumentar la cifra de visitantes dado el carácter monográfico del museo y su lejanía de un centro urbano, pero se dan por satisfechos con el mantenimiento de un número en torno a los 30.000.

La exposición permanente se completa con muestras temáticas que tratan de descubrir facetas nuevas del escultor. Ahora mismo está abierta una muestra con un centenar de medallas conmemorativas que fueron diseñadas por Oteiza a finales de los años 80, y que según Manterola «prácticamente nadie había visto». Algunas de esas medallas fueron un encargo para el Congreso Mundial Vasco, y la exposición ha sido realizada por Xabier Saez de Gorbea. En noviembre se abrirá otra exposición temporal con dibujos de Oteiza también inéditos en su mayor parte y comisariada por el historiador Francisco Javier San Martín.

Cuatro becarios, además del propio servicio de documentación del museo, que dirige Borja González Riera, siguen trabajando en la ingente labor de ordenar, clasificar y conservar la amplísima documentación que se guardaba en la casa de Oteiza.

La novela que puede ser

Ahí aparecieron los folios de la «posible novela». Según Pedro Manterola, director del centro, uno de los mayores estudiosos de la obra de Oteiza y persona que le trató ampliamente en vida, «yo tenía referencia lejana de la posible existencia de esta novela a través de mis conversaciones con el propio Oteiza». Se especula con que pudo ser una novela empezada en Madrid, en los años en que Oteiza hizo ahí la mili «y escribía sobre una ventana que veía desde su camastro y que él llamaba la piscina del cielo». Luego pudo seguir con la novela ya en su estancia americana. En descifrar eso trabajan los investigadores ahora.

Recientemente se publicó bajo los auspicios del museo una edición crítica con la poesía completa de Oteiza, y el próximo proyecto editorial será la edición crítica del mítico Quosque Tandem...!

La visita a Alzuza sigue siendo gratificante. Se puede terminar en la parte que respeta la vieja casa del escultor. El estudio donde trabajaba se sigue conservando tal como él lo dejó, aunque esta vertiente «fetichista» es la que menos gusta a los responsables del centro. En una de las estanterías de esta estancia se conserva una curiosidad: la pipa diseñada por Jorge Oteiza en Buenos Aires en 1937, y que quiso patentar porque contenía un dispositivo especial para la saliva del fumador. Un detalle del Oteiza personaje que no oculta el Oteiza artista. Puro Oteiza, en cualquier caso.

 
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