Domingo, 15 de octubre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

PEDRO MANTEROLA DIRECTOR DEL MUSEO OTEIZA
«Aquí no hay shows; aquí se trata de hacer más sabio al visitante»
El director del museo quiere recuperar al Oteiza 'artista', y no al 'personaje'.
«Aquí no hay shows; aquí se trata de hacer más sabio al visitante»
Manterola, en una de las salas del museo de Alzuza. [USOZ]
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Ha cumplidos dos años al frente del museo de Alzuza. Pedro Manterola (Pamplona, 1936) tiene las ideas claras sobre el perfil de futuro que necesita este centro dedicado a la memoria del escultor de Orio.

- Al principio el Museo Oteiza fue más noticia por las polémicas en torno a sus patronos que por su contenido. Ahora las cosas parecen más tranquilas.

- Hubo un conflicto que tenía que ver más con relaciones de poder que con la obra de Oteiza. Ese conflicto está latente y podría volver a a reproducirse, pero ahora la tensión ha bajado y el museo funciona con normaldad.

- Visto desde Gipuzkoa, da la sensación de que es un museo poco conocido.

- Vivimos un momento en que la cultura de masas reclama grandes cifras de visitantes, amplios presupuestos, mucha espectacularidad. Yo, desde un planteamiento propio de la Ilustración, pienso que un museo como éste debe servir para abrir la mente de la gente, desarrollar su actitud crítica, hacer más libre al visitante. La cultura de hoy persigue deliberadamente el objeto contrario. Un museo pequeño, monográfico, como éste, quizás está condenado a no ser de grandes públicos. Ahora la figura de Oteiza está rodeada de su leyenda de personaje romántico, pero si le despojamos de ese halo y nos quedamos sólo con el artista, el interés del artista aún será menor. Fue el propio Oteiza el que cultivaba ese personaje, que construía cada día con una obstinacion enorme, para esconderse detrás de esa máscara.

- ¿Con el paso del tiempo emergerá el Oteiza artista por encima del Oteiza personaje?

- El propósito de este museo es precisamente invertir las posiciones y lograr que se conozca más al Oteiza artista que al personaje. La obra de Oteiza tiene un enorme interés, aunque hay gente que no lo quiere entender. Trabajamos en presentar la obra del artista, sus proyectos, sus libros, y no la caricatura. Si nuestro objetivo fuera encontrar visitantes a cualquier precio cultivaríamos lo contrario.

- En el museo han primado ahora la investigación científica.

- Primamos la investigación científica de la obra, y por eso concedemos gran importancia al centro de documentación e investigación sobre la obra de Oteiza y su entorno cultural. Aquí hay una gran biblioteca, un archivo y un sistema de becas con cuatro personas trabajando simultáneamente.

- ¿Qué aportaron las exposiciones dedicadas a Oteiza en el Guggenheim o el Reina Sofía?.

- Han conseguido el conocimiento del gran público. Oteiza siempre huyó de eso, pero pienso que final se arrepintió. Ahora el país está lleno de reproducciones suyas, algunas de dudoso gusto.

- A veces da la sensación que el malditismo de Oteiza la ha perseguido después de su muerte.

- A Jorge le gustaba la bronca: él preparaba el material. Era contradictorio, y en esa contradicción surgían sus valores como creador.

- ¿La dialéctica Chillida/Oteiza se ha mantenido en la relación entre sus dos museos?

- Son dos museos bien distintos, y está bien que así sea. Cada uno de ellos pensó su museo, son muy diferentes y a su vez muy parecidos. Chillida acentuó los aspectos morales y Oteiza los inmorales, es decir, los metafísicos que no se ajustan a ningún límite ni a ninguna medida. Oteiza lucha contra la materia porque la niega, estaba a favor del espíritu. Chillida, en cambio, es un domesticador, educa la materia para que se comporte como debe. Oteiza forma parte de la tradición de los constructivistas rusos y Chillida es más matérico. Oteiza hablaba en público mal de Chillida pero en la intimidad reconocía que era un gran escultor.

- Ahora se debate en Irún el posibe derribo de la casa taller de Oteiza y Basterretxea.

- Pienso que no hay nada que hacer ante los intereses económicos que derribarán esa casa. Me da pena porque es una de las pocas muestras de arquitectura racionalista que hay en el país. Pero también me preocuparía convertirla en un fetiche. Estaría bien integrar ese edificio en el nuevo paisaje que se construya.

 
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