Domingo, 1 de octubre de 2006
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TOLOSA
El legado de los niños saharauis
Las familias que los han acogido valoran lo «que nos han aportado»Todos califican de «fantástica» la experiencia y muchos repiten
El legado de los niños saharauis
MOHAMED Y MARISOL. «Es alegre y divertido. Le preguntas ¿qué tal te lo has pasado? y en seguida te responde en euskera: ondo, bai bai! He estado encantada con este niño, es vital, optimista, una fuente de energía. Le llevamos a hacer la revisión de la vista y tiene una visión privilegiada. ¿Qué envidia! El año pasado estuvo en Urnieta y este verano lo ha pasado con nosotros. Una experiencia muy recomendable». [KLISK]
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TOLOSA. DV. Acaban de regresar a su país los niños saharauis que han pasado los tres meses de verano entre nosotros. Por encima de lo que siempre se dice en estos casos - se destaca la necesidad de ofrecer alicientes a estos chavales tan castigados por una vida dura en los campamentos de refugiados-, también nos ha interesado conocer la otra vertiente de este intercambio: lo que aportan estos niños a las familias tolosaldearras que los acogen.

«Abdala, Abdala! Etorri hona pixkat!», le llama Maritxu. Parece que no le escucha. «Abdala!», le llama por segunda vez. Abdala deja por un momento a sus amigos en el parque y viene corriendo hacia nosotras.

Tiene 10 años y vive en el Sahara, en un campamento de refugiados. Es el tercer año que ha venido a Tolosa. Las tres veces ha estado en casa de Maritxu Astiasaran y Joaquín Caravelos.

Maritxu y Joaquín acogieron por primera vez a un niño hace siete años. Aquel año vino a su casa una niña ucraniana. El año siguiente se organizó en Tolosa el programa de los niños saharauis. Aquel año y el siguiente estuvo con ellos la hermana mayor de Abdala. Cuando ésta cumplió los doce años (edad límite para poder venir aquí), acogieron a la segunda hermana, y desde hace tres años viene Abdala.

«Zer moduz egon zara Tolosan, Abdala?» le preguntamos. Nos mira con semejante sonrisa que parece que va a estallar en carcajadas de un momento a otro. «Ondo», nos contestó. Le preguntamos si también sabe hablar en euskara. «Pixkat, jajaja», se reía.

Maritxu y Joaquín han estado cuatro veces en el Sahara y han conocido al resto de la familia de Abdala. «Les falta casi de todo, pero son muy felices», comenta Maritxu. Abdala tiene otros tres hermanos pequeños.

Cuando los niños saharauis llegan aquí, lo primero que hacen es pasar una revisión médica. «Este año, el médico le ha dicho a Abdala que es asmático y le dado su tratamiento», comenta Maritxu.

Lo que más le ha gustado a Abdala ha sido andar en bicicleta e ir a la piscina. «Con eso, es la persona más feliz del mundo», dice Maritxu.

Mientras hablábamos con Abdala y Maritxu , se nos acercaron dos niños más. Uno de ellos era Salem. Junto a él aparecía Marian Zabalo. Salem es el primer niño saharaui que han acogido Marian y su marido en su casa de Alegia. «Lo de acoger un niño era una cosa que quería hacer desde hace muchos años», nos explica Marian. «Lo que pasa es que yo siempre he estado trabajando y no he podido hacerlo. Ahora, me he tomado un año sabático y he aprovechado la ocasión».

Salem nos miraba atentamente mientras hablamos con Marian. Es un poco más serio que Abdala, pero en ningún momento se le iba la sonrisa de los labios. «Hola, Salem», le saludamos. Nos contesta con un tímido «hola». Le preguntamos cuántos años tiene. «Once años», responde. «Zer moduz Alegian?», probamos en euskara. «Oso ondo!», responde correctamente.

«Conocer a Salem ha sido una experiencia increíble», comenta Marian. No es la primera vez que Salem visita Euskal Herria. «Es la tercera vez que Salem ha venido aquí a pasar el verano», nos explica Marian. «Los años anteriores había estado en Hernani y en Lasarte». La hermana de Salem ha venido durante cuatro años a Artieda, en Navarra.

Salem también pasó la revisión médica. «Le han hecho la prueba de la tuberculosis, la de las lombrices...de todo. También le han mirado y arreglado la boca», señala Marian. «La satisfacción que no ha dado ha sido completa por muchos motivos. Es una experiencia recomendable».



 
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