Sábado, 30 de septiembre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

LA CALLE DE LA MEMORIA MIKEL G. GURPEGUI
Un transbordador pionero 1907
Un transbordador pionero 1907
La barquilla tenía capacidad para hasta 18 viajeros.
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Al hablar de funicular pensamos, automática y lógicamente, en el del monte Igeldo, pero olvidamos que antes hubo otro, más complejo y más significativo, en la otra punta de San Sebastián, en el monte Ulía. Aquel transbordador-funicular que comunicaba dos puntos altos de Ulía se inauguró un día como hoy, 30 de septiembre del año 1907, entre chubascos y mucha expectación.

El aparato era espectacular. Cubría 280 metros de distancia y un desnivel de 28 metros en tres minutos y medio. Los 18 viajeros que cabían en su barquilla se maravillaban con el complicado y muy seguro sistema de cables y ejes que lograba elevarse sobre el monte. El ingenio tuvo una corta vida, puesto que Ulía pronto perdió fuerza como área recreativa frente al parque de atracciones de Igeldo, cuyo funicular empezó a funcionar en agosto de 1912.

Sin embargo, el mecanismo del Ulía figura en las enciclopedias. No en vano fue, probablemente, el primer transbordador apto para el transporte de personas construido en el mundo. Y fue obra de una personalidad arrolladora, la del ingeniero Leonardo Torres Quevedo.

Nacido en Molledo (Cantabria) en 1852 y residente en Bilbao, Torres Quevedo fue un pionero que dirigió la construcción del primer dirigible español y creó un autómata que jugaba al ajedrez. En el campo que nos ocupa, construyó su primer teleférico en su propia casa de Molledo.

Según detalla una biografía suya que publicó la Universidad de Sevilla, «en 1890 presenta sin éxito su transbordador en Suiza, país muy interesado en dichos ingenios debido a su naturaleza montañosa, y donde ya se utilizaban algunos funiculares para carga de bultos, nunca de personas, debido a problemas de seguridad. Su proyecto es rechazado sin contemplaciones y los periódicos suizos se permitieron algunos comentarios irónicos».

Tuvieron que tragarse sus palabras. La construcción del transbordador de UIía, materializada por la Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería de Bilbao, tuvo tal eco que permitió al ingeniero diseñar otros en Chamonix, Río de Janeiro... y las mismísimas cataratas del Niágara.

De hecho, el Spanish Aerocard que ideó para las famosas cataratas canadienses tiene una estructura similar al desaparecido transbordador de Ulía. Desde su inauguración en 1916, el teleférico de nuestro Torres Quevedo en el Niágara sigue funcionando sin apenas modificaciones.



 
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