Xabier Etxebarria: «Los presos del EPPK tendrán que asumir la legalidad. No hay otra, se llame vía Nanclares o como se llame»

Xabier Etxebarria, en una calle de Madrid./MAYA BALANYA
Xabier Etxebarria, en una calle de Madrid. / MAYA BALANYA
Xabier Etxebarria, abogado de presos de la vía Nanclares

«Lo importante no es si utilizan la palabra arrepentidos o no, sino que piensen que si pudieran volver atrás, ojalá pudiesen deshacer la injusticia que cometieron»

A. GONZÁLEZ EGAÑASAN SEBASTIÁN.

Xabier Etxeberria, abogado de algunos de los últimos presos de la vía Nanclares, expone que este programa como tal murió en 2012, pero mantiene que su mensaje de dar pasos hacia la disolución de ETA, la reparación de las víctimas y la autocrítica «sigue vigente y es necesario».

-¿Cuál es hoy la radiografía de la denominada vía Nanclares?

-Lo que llamamos vía Nanclares es la política que adoptó Instituciones Penitenciarias cuando estaba Mercedes Gallizo de secretaria general en 2009. A los presos que ya habían mostrado su disidencia y apartamiento de ETA, se les trasladó a Nanclares de Oca y a Villabona (Asturias) y se diseñó un plan de reinserción. Como respuesta a su evolución personal, durante 2010 y 2011, se entró en una senda de permisos para después pasar al régimen semiabierto, el 100.2 del Reglamento Penitenciario, luego tercer grado y libertad condicional. Esa vía de reinserción, en cuanto al inicio de casos nuevos, se cortó en 2012, con la llegada del PP al Gobierno. La política de Instituciones Penitenciarias cambió y las cosas que se fueron consiguiendo fue a través de recursos al juzgado, permisos, la aplicación del artículo 100.2 a Kepa Pikabea y después los últimos que se han visto hace unos días.

-Se refiere a Rafael Caride Simón, Aitor Bores, Jorge Uruñuela y Luis María Carrasco. ¿En qué situación se encuentran?

-Conozco directamente dos de los casos. El juzgado ha estimado los recursos contra las juntas de tratamiento en los que se pedía una progresión en la clasificación. En el caso de Caride Simón, acuerda aplicar el artículo 100.2 para que pueda salir todos los días de prisión y realice una actividad de voluntariado, ya que a su edad -72 años- no tiene posibilidad de trabajar. No tendría que volver a prisión a dormir porque se podría acordar un tipo de control telemático. En el caso de Carrasco, se le aplica el 100.2 un poco abierto aunque todavía no se sabe cuál será la actividad que realizará en el exterior. Se irá concretando.

-Se cifra en unos 27 los presos acogidos a esta vía. Faltaría por resolverse el recurso de Ibon Etxezarreta. ¿Por qué no ha llegado todavía la decisión?

-Está en una situación muy parecida a la de Carrasco, formaba parte del mismo comando, sus condenas son las mismas y su evolución personal es bastante parecida. Es simplemente cuestión de los tiempos de tramitación del recurso, pero supongo que en breve seguirá el mismo camino.

-¿Se puede decir entonces que la vía Nanclares está extinguida o cabe alguna posibilidad de que algo similar pueda ponerse en marcha?

-Cuando entró Ángel Yuste en la secretaría general de Instituciones Penitenciarias se aprobó un supuesto programa de reinserción, pero nunca hubo intención de que funcionase y de hecho no funcionó.

-¿Ningún preso se ha acogido a ese programa?

-Que yo sepa, no. Sí que ha habido algún otro caso que había hecho una declaración notarial de abandono de ETA. Lo que es como política murió, otra cosa es que lo que representaron las personas presas acogidas a la vía Nanclares en cuanto a un grupo de personas que entendían que había que dar pasos hacia la disolución de ETA, hacia la reparación a las víctimas y la autocrítica respecto a la historia de ETA, eso no ha muerto y ese mensaje sigue estando vigente y, en mi opinión, necesario.

«Estos presos no han tenido reducción de sus condenas porque eso no existe»

«Expresos como Pikabea, Urrosolo o Gisasola trabajan, van logrando algún contrato»

-¿Qué les diría a quienes critican la vía Nanclares aduciendo que lo que buscan es favorecerse de unos beneficios para acortar su pena?

-Quizás no se ha entendido bien que estas personas eran disidentes y críticas con la historia de ETA desde antes de 2009 y no lo estaban haciendo por ningún beneficio penitenciario que no se podía ni atisbar. Han dado unos pasos personales de salirse de ese mundo, con un coste personal en ocasiones importante, creyendo que era lo que tenían que hacer. Posteriormente, surgieron los encuentros con víctimas y estas personas en privado y después en declaraciones públicas han mostrado su deseo de reparar a las víctimas moralmente, en el sentido de hacer justicia pública de que lo que se hizo fue injustificable e inútil. Y lo cierto es que no han tenido reducción de sus condenas porque eso no existe.

-¿En qué se asemeja la vía Nanclares a lo que parece que están dispuestos a hacer los presos adscritos al EPPK, que ya se han mostrado favorables a avanzar por vías legales?

-Los que quedan en prisión tendrán que entender que solo cabe la asunción de la legislación penitenciaria de modo individual. No hay otra vía. Se llame vía Nanclares o se llame como se llame. Parece que se han hecho esos reconocimientos públicos de la legalidad penitenciaria, lo cual entiendo que supone, aunque no se le quiera llamar así, asumir lo que fue la vía Nanclares, es decir, entrar por los mecanismos legales de reinserción que existen que son individuales y que dependen de la evolución personal del preso. Lo que ocurre es que no se acaba de traducir en vías individuales concretas y siguen sometidos a decisiones colectivas, y ese no es el camino.

-¿Tiene esperanza de que se pueda ver algún paso en breve?

-Podría ser. Tiene que haber movimientos para desatascar la situación. Lo que no sé si cada una de las partes que tiene el control del proceso, como puede ser la izquierda abertzale o el Gobierno, está en condiciones o es capaz de dar los pasos que habría que dar.

-¿Cuáles serían esos pasos y quién debería darlos primero?

-El Gobierno tendría posibilidad de impulsar políticas de reinserción como se hizo hasta 2012 y podría abandonar la perspectiva colectiva de que todos estén clasificados en primer grado por pertenencia a banda armada, cuando ya no es armada y prácticamente no existe. Y la izquierda abertzale, igual, debería dejar de condicionar a los presos. Esto se ha acabado, ETA es historia y ya no hay que dar consignas ni permisos a nadie.

-¿Le consta que la izquierda abertzale ejerce ese papel?

-Parece evidente. Cuando se anuncian peticiones individuales de acercamiento a prisiones de Euskadi y las veintitantas solicitudes que se presentan son todas calcadas, parece evidente que se dan instrucciones.

-¿Confía en que la disolución de ETA pueda ayudar a que el acercamiento sea una realidad?

-El Gobierno va cambiando la meta de sitio. Por así decirlo. Hace quince años se decía que ETA deje de matar, luego que se desarme, ahora que se disuelva, que se aclaren todos los asesinatos... La razón por la que se mantiene una determinada política resulta que va cambiando en el tiempo. Es evidente que se puede dispersar a los presos, pero sin alejarles, ahora que son muchos menos. Estar separados era supuestamente para favorecer procesos individuales de reinserción. Hoy en día es claro que no tiene sentido y que se ha convertido en una especie de tótem intocable. No se cuándo veremos el final de eso.

-¿Se llegó a cifrar en más de cien el número de presos que estaban dispuestos a sumarse a la vía Nanclares en los últimos años de vida del programa. ¿Fueron tantos?

-Que los debía haber es algo de lo que se hablaba. Yo siempre he conocido personas que habían hecho una evolución personal y digamos que se sentían alejadas del mundo del que venían, pero preferían mantener el silencio, esperar a terminar de cumplir la condena e irse a su casa tranquilamente sin significarse individualmente con los costes que eso tenía.

-¿Esos 'costes' ha sido lo que más ha podido retraer a la hora de optar por dar ese paso?

-Cada situación será muy diferente, pero sin duda es claro que tienen unos costes. Simplemente en cuanto al apoyo que una persona presa y su familia tienen cuando están dentro del colectivo: apoyo económico, grupal, jurídico... , y que si uno se sale de ese colectivo pierde todos esos apoyos y en sus entornos y familias puede provocar divisiones, rechazo o distanciamientos.

-¿Asociaciones de familiares de presos han contactado con estos reclusos o exreclusos para consultarles sobre su proceso legal?

-Tanto como consultas lo desconozco, pero ha habido interés en organizaciones del ámbito de la izquierda abertzale en los últimos años, por primera vez, en realmente conocer cuáles son los problemas de un proceso de reinserción normal, no solo los legales, que también, sino los de tipo social. Con qué respaldo cuentan, con qué posibilidad de reintegrarse en el mercado laboral, en la sociedad en general...

-¿Qué vida hacen, de qué viven cuando abandonan la cárcel?

-Las situaciones son muy diferentes, depende de la edad, de si tiene una pareja, de que cuente con un lugar donde volver, un afecto o un apoyo donde volver, donde insertarse y también de la formación que tenga. A cualquier lugar al que acuda a pedir trabajo le van a preguntar: ¿qué estuvo haciendo usted en los últimos 30 años, que en su currículum no hay ningún empleo en todo ese tiempo...? Pues es difícil.

-¿Pero llegan a encontrar empleo?

-Se van consiguiendo cosas. Kepa Pikabea está trabajando, Joseba (Urrosolo) y Carmen (Gisasola) también. Quizás todavía sin estabilidad, pero es el proceso normal de inserción laboral: conseguir algún contrato e irse también formando.

-¿Qué se puede decir que pueden aportar ellos a la sociedad?

-Personas que han estado durante muchos años integradas en ETA, en algunos casos con responsabilidades importantes y significadas, y que sean precisamente ellas las que transmitan una visión crítica de lo que fue ETA, desde ese reconocimiento de lo injusto y lo inútil del daño generado, tiene un valor especial, diferente a si lo dice cualquier otro.

-¿En su caso qué le ha aportado su implicación en este proceso?

-Me ha supuesto un aprendizaje personal muy importante conocer a víctimas y exmiembros de ETA, oírles y conocer su generosidad. No te puede dejar indiferente.

-¿La palabra arrepentidos sigue siendo un tabú?

-Para unos sí, para otros no. Al final supone decir: yo desearía no haber hecho esto y si pudiera volver atrás me gustaría no repetirlo. Eso es arrepentirse. Y le llamemos como la llamemos lo importante es que alguien que ha estado en ETA piense que si pudiera volver atrás ojalá pudiera deshacer la injusticia que cometió, y que como no puede deshacerlo que intente repararlo y reparar a las personas que hizo daño. El término con el que cada uno se sienta más cómodo.

-Se les ha exigido que pidan perdón, se desvinculen de la violencia, asuman el daño causado y colaboren con la justicia. ¿Esta última condición se cumple?

-Tiene que ver, sobre todo, tal y como está formulado en la ley de 2003, con evitar atentados y paliar los efectos de esas acciones. Es decir, se trataba de un instrumento para que los presos ayudaran a acabar con ETA. Una vez que ya se puede decir que ETA es historia no tiene mucho sentido la colaboración en los términos en que se planteó entonces.

-¿Colaborar no es entonces delatar?

-La ley no puede exigir una delación como elemento negativo para entrar en un proceso de reinserción, sino que se relaciona con la capacidad de vivir en libertad sin volver a delinquir. Lo que sí creo que es importante es que sean conscientes de que tienen que entrar en un camino de autocrítica, no solo por los beneficios penitenciarios sino por sí mismo, por juzgar con honestidad su propio pasado y por la sociedad vasca que necesita de ese reconocimiento de la injusticia y la inutilidad de la historia de ETA para poder avanzar.

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