«He visto a mi madre querer morir de dolor y eso se tiene que saber»

Cuatro víctimas de ETA reivindican el ejercicio de la memoria, pero discrepan sobre cómo debe ser la convivencia

Landaburu, Itxaso, Múgica, Díez, Korta y el moderador del coloquio de ‘Luces en la Memoria’/USOZ
Landaburu, Itxaso, Múgica, Díez, Korta y el moderador del coloquio de ‘Luces en la Memoria’ / USOZ
A.GONZÁLEZ EGAÑA

Andoitz Korta y Rubén Múgica, hijos de dos asesinados por ETA, Lorena Díez Elorza, hermana del ertzaina que escoltaba a Fernando Buesa cuando los terroristas hicieron volar a su paso un coche bomba en Vitoria, y Gorka Landaburu, que sufrió graves heridas en sus manos y su rostro cuando abrió un paquete bomba que unos etarras hicieron llegar a su casa, compartieron ayer su testimonio y discreparon sobre cómo debe ser la convivencia futura. Los cuatro fueron los invitados a un coloquio en el Koldo Mitxelena de Donostia, en el marco de la exposición de 50 años de ETA, ‘Luces en la Memoria’, organizada por el Departamento foral de Cultura que dirige Denis Itxaso.

«He visto a mi madre querer morir de dolor y de angustia. Y eso creo que es necesario que se sepa, que se cuenten las cosas tal y como son. Que aquí no hay que inventar nada. Hay una realidad: que hay muchas familias destrozadas que vivirán la angustia y el dolor hasta el último suspiro de sus vidas. Y ya está. Todo lo demás no sirve para nada». Estas palabras de Lorena, hermana de Jorge Díez Elorza, asesinado el 22 de febrero de hace 18 años, resumen una parte del sentimiento de los cuatro testigos de la memoria que ayer pusieron voz a su vivencia con el terror. El hijo del veterano socialista Fernando Múgica, asesinado el 6 de febrero de 1996, remarcó que pese a todo las víctimas no necesitan «la compasión de los demás sino la comprensión y la solidaridad». Múgica reivindicó la memoria y el nombre de los más débiles «frente a los agresores y matones y frente a los que nunca entendieron la discrepancia».

Con «cierto pudor» de relatar el atentado que sufrió en sus propias carnes el 15 de mayo de 2001, el periodista Landaburu aseguró que se siente una víctima «privilegiada» porque puede hablar, porque tiene micrófono y pluma para escribir, frente a tantas víctimas «que no pueden hacerlo, que todavía están en el anonimato». «Hay que sacar a la luz todo esto y hablar para que nunca más se vuelva a repetir. La gente se tiene que enterar y no hablo de rencor sino de memoria», remarcó Landaburu convencido de que frente a quienes quieren pasar página «nosotros no vamos a hacerlo hasta leer la última letra». Andoitz, hijo del empresario Joxe Mari Korta, asesinado el 8 de agosto de 2000, compartió que «este país tiene que conocer los testimonios de las víctimas porque son parte de nuestra historia». Afirmó que la memoria debe existir, que «si negamos el pasado corremos el riesgo de que vuelva a suceder».

Las frases

Rubén Múgica
«No puede haber un empate infinito con los terroristas, debe haber vencedores y vencidos»
Andoitz Korta
«Yo no puedo hablar de victoria con mi padre muerto. No aporta nada»
Gorka Landaburu
«Me gustaría tomar un café con ‘Kubati’ y preguntarle ¿por qué mató a Yoyes?»
Lorena Díez Elorza
«Me niego a convivir con asesinos que apretaron el gatillo»

«Café con ‘Kubati’»

Las discrepancias surgieron en el terreno de la convivencia futura. Landaburu defendió el acercamiento de los presos porque «es lo mismo un barrote en Sevilla o en Vitoria». «Quitemos argumentos a esta gente que todavía no ha reconocido su pasado», citó para añadir que tienen una mochila «que les va a costar llevar y se lo vamos a recordar las veces que haga falta a los Arnaldo Otegi y todos los que están alrededor».

Rubén Múgica remarcó que no puede haber «un empate infinito con los terroristas» sino que tiene que haber eso que se llama «vencedores y vencidos». Korta disintió. Aseguró que «no es nadie para decir quién es el vencedor y el vencido». «Yo no puedo hablar de victoria con mi padre muerto. Para mí hablar de vencedores y vencidos no me aporta nada», le respondió.

Se elevó el tono del debate cuando Múgica rechazó «por indeseable» la convivencia «con quienes viven en la reivindicación de su pasado criminal». Landaburu citó que cuando habla de convivencia no es para abrazarse en la calle con quien ha salido de la cárcel. Relató que ‘Kubati’ vive ahora cerca de su casa en Zarautz y que tiene «ganas», aunque su mujer no le deja, de tomarse un café con él para preguntarle: «Por qué mató a Yoyes?». «Ese encuentro no será y seguro que tampoco contestaría», pensó en voz alta. Díez Elorza no tuvo duda ninguna: «Me niego a convivir con asesinos».

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