«Cuando visito San Sebastián nunca he sentido la necesidad de entrar al bar donde le mataron»

Ana Iríbar mira con ternura a su hijo durante los preparativos de la entrevista. /JOSÉ IGNACIO LOBO
Ana Iríbar mira con ternura a su hijo durante los preparativos de la entrevista. / JOSÉ IGNACIO LOBO

«No comparto el sentimiento de odio. No lleva a nada positivo, no nos ayuda a nosotros ni a quienes nos rodean»

A. G. E. MADRID.

El hijo de Gregorio Ordóñez no ha heredado el «donostiarrismo en estado puro» del que hacía gala su padre, pero la ciudad en la que nació está muy presente en su vida. Sin ir más lejos, el salón de su casa en Madrid cuelga un cuadro del pintor Rafael Basterra que reproduce la bahía. Su madre lo adquirió en una galería en Madrid porque es justo el punto de la barandilla de la Concha donde se apoya cada vez que regresa.

-¿Cuál es su relación con la capital guipuzcoana?

-Tengo familia y solemos ir siempre a las reuniones familiares en Navidad y también en verano. La ciudad me gusta mucho, pero no me reconozco como habitante, sino como turista. He ido muchas veces con mis amigos y disfruto mucho.

-¿Se siente más madrileño?

-Sí, así es.

-Su madre decidió dejar Donostia un año después del atentado y se instalaron en Madrid. ¿Alguna vez ha echado de menos la ciudad en la que nació? ¿Le hubiera gustado ser más donostiarra?

-Como es algo que ocurrió cuando tenía pocos meses de vida, no tengo recuerdos de mi infancia en San Sebastián. Mi madre me contó que fui a la guardería en el barrio de Amara donde vivíamos y que tuve una profesora encantadora... Quizás, si fuera más donostiarra, me gustaría más ir a la playa (bromea).

-¿Siente algo especial o se ha sentido mal cuando ha ido de visita?

-Cuando era más pequeño era más ajeno a estas cosas. Con más edad, he podido pensar que a lo mejor había gente que odiaba a mi padre... Yo, sin embargo, no odio a nadie. Pero... si alguien mata a otra persona, será por un sentimiento muy fuerte en contra de él y, por extensión, igual hay personas que comparten ese sentimiento y que nos odian a mí y a mi familia...

-¿Alguna vez ha percibido alguna mala cara o mirada cruzada?

-No me suelo fijar mucho en la gente cuando voy por la calle. ¿Que me han podido poner mala cara...? A mi familia seguro, eso lo garantizo. Pero quizás me he dado más cuenta de la gente que saludaba a mi madre porque simpatizaba con ella, que me decía que me conoció cuando yo era muy pequeño y que, por supuesto, conocía y admiraba a mi padre.

-Dice que no odia a nadie. ¿Incluidos los asesinos de su padre?

-No siento odio por nadie. Es un sentimiento que no lleva a nada positivo y hay que sacarlo de nuestras vidas, porque no nos ayuda ni a nosotros ni a los que nos rodean.

-Se ha dicho en muchas ocasiones que Goyo era «el donostiarrismo en estado puro» y que decía, incluso, que «pensaba en azul y blanco».

-A mí me gusta mucho, es una de las ciudades más bonitas de España, es una mezcla ecléctica de estilos que admiro, es muy sencilla, con un urbanismo muy aceptable y muy práctico. Pero la conozco desde el punto de vista de turista.

-¿En las visitas a San Sebastián ha pasado por el bar La Cepa, donde fue asesinado su padre?

-Sí.

-¿Ha llegado a entrar?

-No, no he sentido esa necesidad. Lo que sí hice, con motivo de la campaña de colocación de placas que promovió Covite, fue colocar una de ellas en esa fachada, para mantener viva la memoria de mi padre. A la mañana siguiente ya no estaba.

-¿Le removió algo en ese momento?

-Sentí que era un reconocimiento que no se había hecho por parte de otras personas y me sentí muy orgulloso de contribuir a la memoria de las víctimas. Cuando la quitaron, no me sorprendió. Pensé: '¡Qué lástima que sigamos con los complejos del pasado y el sentimiento de odio!'.

-¿Duele haberse tenido que marchar de Euskadi, como muchos otros, por culpa del terrorismo?

-Siempre duele no poder vivir donde has nacido. No es que no quieras vivir ahí, sino que la vida se te hace insoportable. No es justo que otras personas elijan por ti cómo tienes que hacer tu vida y cómo tienes que vivir... Bueno... Siempre se puede construir una vida en otros sitios, no es fácil, ni cómodo, no es lo mejor y no es justo. Es lo que nos ha tocado, pero fue ETA quien decidió por nosotros, asesinando a mi padre aquel 23 de enero.

-El atentado supuso el despertar de la sociedad frente al hostigamiento a los cargos públicos enfrentados al terror. ¿Qué sabe de aquella reacción?

-Fue un momento de inflexión en la reacción ciudadana y en el modo de ver las cosas. Llevó a muchos a enfrentarse a una realidad muy cruda. Se dieron cuenta de que en el momento en que alguien muere por pensar diferente, algo grave está pasando. Empezaron a ver más claro que había que plantar cara a ETA.

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