El vértigo invade las filas de Junts pel Sí en vísperas de declarar la independencia

Carles Puigdemont. / LLUIS GENE
Carles Puigdemont. / LLUIS GENE

Solo la CUP es inmune a los temores de algunos sectores soberanistas que abogan por ralentizar el procés para poder buscar acuerdos

RAMÓN GORRIARÁN BARCELONA.

El independentismo catalán no es un frente monolítico, y a medida que se acerca el momento de la verdad surgen las dudas y las fisuras. El vértigo ha aparecido a cuatro días del pleno del Parlamento que debería consumar la secesión, porque la Cámara se va a reunir a pesar de la prohibición del Constitucional. Un miedo escénico que afecta, sobre todo, al PDeCAT, pero también se siente en Esquerra Republicana. La CUP es inmune a estos temores.

La intención inicial de una declaración de independencia irreversible, despojada de salvaguardas, encuentra cada vez más oposición entre las fuerzas soberanistas. La realidad no aguanta lo que se puso en su día en el papel, en concreto en el artículo 4 de la ley del referéndum, que fija el plazo de 48 horas desde la proclamación de los resultados de la votación para que el Parlamento de Cataluña declare la independencia. El traslado del Banco Sabadell de su sede a Alicante y la decisión que tomará hoy CaixaBank en el mismo sentido a otra ciudad fue interpretada por muchos como el preludio de una estampida de otras empresas. Ello sumado al fracaso de los intentos de lograr una mediación por el rechazo del Gobierno de Rajoy a prestarse a esa operación, negativa a la que se sumó el PSOE, y la fría respuesta de la comunidad internacional, sobre todo de la Unión Europea, han dibujado un negro horizonte que ha generado dudas entre el soberanismo, según reconocen en la alianza Junts pel Sí.

«Necesitamos más meses de tiempo», dijo ayer la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Una reflexión cada vez más compartida. El exconsejero de Economía Andreu Mas-Colell, exponente del sector más templado del PDeCAT, ha escrito en diario Ara que se impone «uno o dos años de suspensión activa y temporal de la unilateralidad». Un tiempo que podría emplearse en buscar un entendimiento de mínimos con el Gobierno de Mariano Rajoy y en paralelo convocar elecciones que no estén marcadas por el fracaso del proceso soberanista. «Peor que hacer una DUI (declaración unilateral de independencia) -apunta Mas-Colell- sería que hiciéramos una DUI a falta de otra cosa».

Surgen dudas sobre la DUI, pero pese a ello reina el escepticismo sobre una posible marcha atrás

Los dos periódicos más importantes de Cataluña se sumaron hoy en sus editoriales a esta reclamación de diálogo y tiempo. «La DUI sería un tremendo error», tituló La Vanguardia. «Por Catalunya, elecciones», encabezó El Periódico. Hasta un nada sospechoso de tibieza como el representante de la Generalitat ante la Comisión Europea, Amadeo Altafaj, confesó que «una DUI sería difícil de gestionar».

Pero a pesar de estos avisos y titubeos, quienes conocen bien al soberanismo son escépticos ante una marcha atrás. El líder del PSC, Miquel Iceta, comentó a este periódico que cada vez que el independentismo «ha estado al borde del precipicio ha dado un paso al vacío». Unas palabras que se vieron avaladas por las declaraciones en las últimas horas del vicepresidente y el presidente de la Generalitat. Oriol Junqueras recordó que los independentistas «siempre hemos hecho lo que decíamos que íbamos a hacer», en referencia a las votaciones del 9-N y el 1-O. «Ahora -agregó- debemos ser responsables con el voto de los ciudadanos». Carles Puigdemont recordó en su mensaje del miércoles por la noche que «hoy estamos más cerca que ayer de nuestro deseo histórico», y en una entrevista con el diario alemán Bild dijo: «Ya me siento presidente de un país libre».

No podían decir otra cosa en este momento, apuntó un dirigente del PDeCAT. Una renuncia de la Generalitat al proyecto, como la que exige Rajoy, supondría dejar el independentismo en manos de los sectores más radicales y liquidar la transversalidad del movimiento, sostienen estas fuentes. Por todo ello, la idea de una declaración de independencia que no sea un portazo definitivo gana adeptos en el PDeCAT y Esquerra. «No se puede a ir a un escenario sin retorno», apuntaron en el partido de Puigdemont.

Por paradójico que parezca, la decisión del Constitucional de suspender el pleno del lunes en el Parlamento de Cataluña puede ser una rendija para ganar tiempo. «Ganamos tiempo para el diálogo y frenamos un paso irreversible hacia el conflicto», apuntó el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. El pleno, creen los soberanistas, se celebrará de todas maneras. «Vamos a defender la soberanía del Parlamento», advirtió la presidenta de la Cámara, Carme Forcadell. Pero la orden de la corte de garantías puede convertirse en una razón para cambiar el formato de la sesión parlamentaria y soslayar la consumación de la ruptura.

La suspensión de ese pleno, además, podría generar un serio problema para las fuerzas de seguridad, para los Mossos d'Esquadra en este caso, porque hay que tener en cuenta que las plataforma soberanistas, ANV y Omnium, así como la CUP, han pedido 'una movilización máxima' el lunes a las puertas del Parlamento de Cataluña.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos