La verdad de los Aizpiri contra el infundio de ETA

Cabeza de la manifestación de protesta en Eibar, por el asesinato de Aizpiri. /MICHELENA
Cabeza de la manifestación de protesta en Eibar, por el asesinato de Aizpiri. / MICHELENA

«'¿Pero qué he hecho yo?', debió preguntarse él», asegura en una carta la hermana del industrial asesinado en Eibar el 25 de mayo de 1988 | Espera que el lehendakari no propicie un relato en el que «la banda sea vista como pacificadora, los presos como víctimas y los asesinados como un mero accidente de la historia»

A. GONZÁLEZ EGAÑA SAN SEBASTIÁN.

Acababan de dar las ocho y media de la noche cuando dos miembros de ETA se acercaron por la espalda a Sebastián Aizpiri Leyaristi, propietario del restaurante Chalcha de Eibar y de una carnicería en Elgoibar, y le abatieron a tiros. Ocurrió un miércoles de primavera de hace treinta años, el 25 de mayo de 1988. El industrial elgoibarrés, soltero y de 39 años, había cerrado la tienda y, tras aparcar su coche, se dirigía solo y a pie hacia el restaurante, uno de los más típicos de la localidad. Dos tiros en la cabeza le causaron la muerte en el acto. Su cuerpo quedó tendido en medio de un charco de sangre, junto a unas escaleras estrechas por las que, todavía hoy, se accede a la calle Isasi de la villa armera, donde sigue ubicado el restaurante propiedad de la familia. Sebastián Aizpiri era un hostelero muy conocido en la zona y desde hacía meses había sido objeto de un mar de acusaciones y rumores anónimos sobre una presunta relación con el tráfico de drogas. Se llegó a decir incluso que tras una detención había obtenido su libertad a cambio del pago de varios millones de pesetas.

Los Aizpiri Leyaristi no se callaron y denunciaron el «chantaje mafioso» al que fue sometido el empresario. «Siento que todos los ciudadanos somos espiados por ETA. Herri Batasuna es la policía secreta de la organización. Aquí la envidia tiene sabor a muerte». Estas palabras las pronunció Ana Aizpiri, periodista de ETB, hace treinta años, sin tapujos y con el dolor ostensible tras el asesinato de su hermano. Sus declaraciones al semanario El Globo aludían a los rumores anónimos, mentiras y calumnias difundidos en la comarca. El hostelero pidió a los ayuntamientos de Eibar y Elgoibar que hicieran una investigación sobre él y respaldaran su inocencia. Determinaron que los rumores eran infundados e hicieron un comunicado que rubricaron todos los partidos representados en el consistorio, salvo HB.

«El rastro del dolor»

Sebastián Aizpiri, soltero de 39 años, trabajaba a diario en su carnicería y en el restaurante Chalcha

Hoy, cuando se van a cumplir treinta años del atentado, la hermana de Sebastián habla, de nuevo, en una carta que ha hecho llegar a este periódico. En su relato asegura que cada 25 de mayo, «el rastro del dolor se aviva» y los hermanos del asesinado, igual que hicieron sus padres, deben «luchar contra él para seguir viviendo».

En su mente retumba lo «penoso» que debió resultarle a su hermano «el hecho de que gente que siempre le había saludado normalmente mirara a otro lado». «'¿Pero qué he hecho yo?' debió preguntarse», escribe Ana Aizpiri. Él siguió trabajando. «Era lo que sabía hacer», rememora. Pero también sufría el acoso. «Mucha gente dejó de entrar en su carnicería y en su restaurante. Debió ser muy duro ver cómo le daban la espalda, comprobar que la gente se tragaba los rumores aunque estos no aguantasen el contraste con la realidad», lamenta Ana Aizpiri. Superada la «ingenuidad» que reconoce que derrochaba en aquellos años, asegura que aquella campaña de calumnias y mentiras no eran más que «una realidad hecha a su medida, una especie de red de amortiguación para cuando los militares de la banda ejecutaran su máxima acción, su 'ekintza'».

En su carta, Aizpiri espera que el lehendakari Iñigo Urkullu y el Gobierno Vasco no propicien «un discurso político sobre el último medio siglo, -el relato de marras- en el que la banda sea vista como pacificadora, sus presos como víctimas y los cientos de personas que entre ambos, banda y militantes, se llevaron por delante, como un mero accidente de la historia».

Sebastián Aizpiri nunca tomó precauciones pese a que el gobernador civil le había alertado de que su nombre aparecía en papeles incautados a la organización terrorista. Su familia cree que nunca llegó a pensar que pudieran matarlo. A su hermana nunca le confesó tal cosa. Por las circunstancias del asesinato y algún detalle sobre una carta que algún familiar mencionó en alguna ocasión, entendieron que ETA le había estado extorsionando y que él se había negado. Se supo tras el asesinato que figuraba en una lista de eventuales objetivos de ETA que la Policía francesa había intervenido al dirigente de la banda Santiago Arrospide Sarasola, 'Santi Potros'. El restaurante Chalcha que regentaba también apareció en la relación de empresas sometidas al chantaje económico de ETA descubierta en la cooperativa Sokoa.

Tras el atentado de Sebastián Aizpiri, Herri Batasuna de Eibar difundió una nota en la que decía «sentir como el que más» la muerte de Sebastián Aizpiri Leyaristi. Aunque luego añadía: «Como sentimos profundamente también otras muertes causadas por la represión, la violencia institucional, la inseguridad laboral, el paro y, por supuesto, las causadas por la droga». En ese texto también se desvinculaban de los bulos y mentiras arrojados sobre Sebastián.

Marcha sin precedentes

Pese al clima social «de sumisión y seguidismo que la banda había logrado instalar en la sociedad», según repasa Ana Aizpiri en su escrito, el atentado fue respondido con una amplia movilización ciudadana. Varios miles de personas salieron a la calle en Eibar, encabezados por siete alcaldes de la comarca del Bajo Deba. La manifestación, sin precedentes tanto por los convocantes como por el lema 'Eibar y Elgoibar contra ETA' exigía a la banda que acabara para siempre «con sus crímenes».

El acto cívico, promovido por la alcaldesa de Eibar, del PSE, y el de Elgoibar, del PNV, no contó con el respaldo de HB, que se convirtió en la única ausencia. La regidora eibarresa, Aurora Bascaran, destacó la figura de Sebastián Aizpiri. Desde el balcón del Ayuntamiento, acompañada por los alcaldes de todas las localidades de la comarca, tuvo palabras de recuerdo y elogio para Aizpiri, de quien dijo: «Sebastián era un hombre honesto. De grandes iniciativas, de los hombres que necesitamos en Euskadi para llevarlo adelante». Estas frases fueron acogidas con una estruendosa ovación por parte de los varios miles de personas que se habían congregado en la plaza de Unzaga al término de la marcha.

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