Urkullu deja en suspenso su relación con Puigdemont hasta que se dilucide el 21-D

Iñigo Urkullu y Carles Puigdemont se reunieron el pasado 19 de junio en el Palau de la Generalitat./EFE
Iñigo Urkullu y Carles Puigdemont se reunieron el pasado 19 de junio en el Palau de la Generalitat. / EFE

El lehendakari ha reducido el contacto con el expresident tras su frustrado intento de mediación. Confía en que, en el «nuevo tiempo» que se abrirá tras las elecciones, se pueda emprender una vía conjunta basada en la bilateralidad

MIGUEL VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

El lehendakari, Iñigo Urkullu, vivió unos intensos días de mediación antes de que la crisis catalana desembocara a finales de octubre en el temido «choque de trenes», pero desde que el procés entró en vía muerta con la declaración de independencia simbólica del Parlament y la aplicación del artículo 155, la relación del dirigente del PNV con Carles Puigdemont se ha reducido al mínimo. Fuentes cercanas al lehendakari rechazan hablar de una ruptura de relaciones entre ambos dirigentes, que se han cruzado algún mensaje en el último mes, pero la decepción que embargó a Urkullu cuando el 26 de octubre el president de la Generalitat cambió de opinión a última hora y declinó adelantar las elecciones como le había anunciado, le llevó a dar por «terminada» cualquier vía de mediación entre los gobiernos central y catalán. Otra cosa es que el lehendakari espere con atención los resultados electorales del 21-D para explorar «ámbitos de colaboración» con el nuevo Govern que salga de las urnas. Un trabajo conjunto que no fue posible cuando Artur Mas y Puigdemont se decantaron por la vía unilateral.

Urkullu confía en que el nuevo Ejecutivo catalán que se conforme a partir del día 21 se ponga metas «realistas» que busquen un acuerdo bilateral con el Estado, similar al que el lehendakari propone para Euskadi. En ese caso, Urkullu podría plantear «ámbitos de colaboración» entre ambos gobiernos autonómicos para impulsar un «mejor encaje» de Euskadi y Cataluña dentro del Estado o proponer una defensa conjunta del «modelo confederal» que defiende el dirigente del PNV. Esta propuesta a la Generalitat no sería nueva, ya que el lehendakari ya se la trasladó en 2014 al entonces president Artur Mas y, en junio de este mismo año, a Carles Puigdemont en su última reunión en el Palau. En ambas ocasiones recibió un respetuoso no por parte de ambos dirigentes del PDeCAT, que en esos momentos estaban enfrascados en el procés y no quisieron renunciar a su apuesta unilateral.

Cronología

19 de junio
Puigdemont y Urkullu se reúnen en el Palau de la Generalitat y el presidente catalán le pide al lehendakari que trate de mediar con el Gobierno de Rajoy.
19 de julio
Urkullu visita a Rajoy en La Moncloa y, entre otras cuestiones, le traslada la conveniencia de encontrar una solución dialogada al conflicto catalán.
1 de octubre
Las cargas policiales que acompañan a la celebración del referéndum suspendido están a punto de romper todos los puentes entre instituciones.
Primeros de octubre
El lehendakari busca una mediación de la UE y del Vaticano, que rechazan intervenir. El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, sí adopta un papel importante como mediador, sumándose a Urkullu.
10 de octubre
Urkullu, junto a otros responsables políticos y económicos, logra que Puigdemont deje en suspenso la declaración unilateral de independencia.
26 de octubre
Puigdemont comunica a Urkullu que adelantará las elecciones en Cataluña.
27 de octubre
El president cambia de opinión por las presiones internas y declina convocar elecciones. El Parlament declara la independencia de Cataluña de forma simbólica, el Senado aprueba la aplicación del artículo 155 y el Gobierno de Rajoy lo aplica ese mismo día. Cesa a todo el Govern y convoca elecciones para el 21-D.

Aquella reunión del 19 de junio entre Urkullu y Puigdemont en el Palau, sin embargo, resultó clave para que el lehendakari se implicase personalmente en la búsqueda de una salida dialogada para el conflicto catalán, que ya entonces se presentaba complicada. El president le trasladó que sus vías de comunicación con el Gobierno de Rajoy estaban prácticamente cerradas y le pidió que mediara de alguna forma con el presidente del Gobierno para lograr una solución acordada que no se interpretase como una renuncia del soberanismo catalán a celebrar el referéndum secesionista que estaba previsto para el 1 de octubre.

El president llegó a comunicar que accedía a adelantar los comicios, pero al final no lo hizo

Mas, hace tres años, y Puigdemont rechazaron la colaboración que les propuso Urkullu

Petición expresa

Desde Lehendakaritza insistían aquellos meses que Urkullu solo se implicaría en la cuestión catalana si recibía una petición expresa de alguna de las partes, o incluso de las dos, algo que se produjo en aquella reunión del Palau, que se celebró aprovechando la visita del lehendakari a Barcelona en el 30 aniversario del atentado de Hipercor. Justo un mes después, el 19 de julio, Urkullu visitó a Mariano Rajoy en La Moncloa y el asunto catalán estuvo durante largos minutos sobre la mesa. No llegaron a ninguna solución, pero al menos el presidente del Gobierno entendió que el lehendakari estaba tratando de mediar en el conflicto «de buena fe», lo que permitió que en las siguientes semanas intercambiasen diversos mensajes y llamadas para tratar de rebajar la tensión política con las instituciones catalanas, que seguían adelante con la organización del referéndum a pesar de haber sido suspendido por el Tribunal Constitucional. Urkullu también extendió sus contactos al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, con el que se reunió el 20 de julio, en Ajuria Enea, en un encuentro en el que también participó la líder del PSE, Idoia Mendia.

Las verdaderas dificultades en el proceso empezaron a aparecer el 20 de septiembre, cuando se produjo la detención y posterior puesta en libertad de varios dirigentes de la Generalitat, una operación judicial que dio pie a los incidentes callejeros por los que están acusados de sedición Jordi Sánchez (ANC) y Jordi Cuixart (Ómnium Cultural). Tras aquella operación, Urkullu llamó a Rajoy para transmitirle su queja por el riesgo que entrañaba «judicializar la política», una denuncia que ha repetido varias veces en los últimos meses. La tensión no había hecho más que empezar.

Las imágenes de violencia que rodearon la celebración del referéndum suspendido del 1 de octubre estuvieron a punto de dinamitar cualquier puente entre los gobiernos central y catalán, pero Urkullu se esforzó en mantener abierto algún resquicio para buscar una solución dialogada. Intentó incluso la mediación de la UE y del Vaticano. Escribió una carta al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en la que le pedía una «intervención» de la UE para «desbloquear» el conflicto catalán, advirtiendo de que este problema podía derivar en «escenarios delicados» también para Europa. Los principales dirigentes de la UE, sin embargo, cerraron filas con el Gobierno de Rajoy y rechazaron cualquier tipo de intervención en el conflicto.

El lehendakari también trató de buscar la intervención del Vaticano a través de la Comunidad de San Egidio, aunque la Iglesia también por no intervenir de forma oficial. El Vaticano, no obstante, permitió al arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, que mantuviese contactos con diferentes dirigentes catalanes para contribuir a la distensión. Urkullu y Omella, de hecho, se convirtieron en las dos principales figuras mediadoras en aquellos convulsos primeros días de octubre.

El adelanto que no llegó

Los acontecimientos que se desataron en la noche del 26 y la mañana del 27 de octubre en Barcelona, sin embargo, dieron al traste con la voluntariosa mediación de Urkullu. Por un lado, la exigencia de Puigdemont de garantías adicionales de que el Gobierno no ejecutaría el artículo 155 que en ese momento debatía el Senado y, por otro, la presión que recibió por parte de destacados dirigentes secesionistas para no convocar elecciones, hicieron que el president cambiara su determinación de llamar a las urnas. El resto es bien conocido: fue Rajoy el que destituyó a todo el Govern tras aplicar el 155 y convocó elecciones autonómicas para el 21-D.

Desde el momento en que la mediación de Urkullu no dio los resultados esperados -el objetivo fundamental era evitar la aplicación del 155 y la intervención de la autonomía catalana-, el lehendakari cortó la comunicación con Puigdemont. Algún mensaje de cortesía y poco más. «Ahora se ha abierto otro tiempo, y hasta que se celebren las elecciones catalanas el día 21 y se configure un nuevo Govern tampoco hay mucho de que hablar», señalan fuentes cercanas al lehendakari.

Las mismas fuentes apuntan que, después de los comicios del 21-D, y «dependiendo del Gobierno que se forme en Cataluña», Urkullu estaría dispuesto a explorar «ámbitos de colaboración» con la Generalitat en materia de autogobierno. En ningún caso sería para insistir en una vía unilateral, pero en Lehendakaritza creen que la relación podría ser fructífera si el Govern que salga de las urnas se decanta por una negociación «bilateral» con el Estado para estudiar «un nuevo encaje» para Euskadi y Cataluña.

El lehendakari, incluso, podría volver a trasladar a los nuevos regidores catalanes su propuesta para impulsar un modelo de Estado «plurinacional y confederal». Una propuesta similar a la que rechazaron Artur Mas y Carles Puigdemont cuando estaban subidos a la ola del procés, pero que ahora podría tener más recorrido.

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